La 'historia viviente' de Aramaio

Patriarca. Unzueta nació en Salesan en 1929. / JM VELEZ DE MENDIZABAL
Patriarca. Unzueta nació en Salesan en 1929. / JM VELEZ DE MENDIZABAL

Julián Unzueta recibirá mañana la insignia con la que le nombrarán hijo predilecto

KEPA OLIDEN ARRASATE.

Julián Unzueta es la 'historia viviente' de Aramaio. Exalcalde y exdiputado foral, este hijo del caserío Salesan es, a sus 87 años, un respetado patriarca y prócer que atesora méritos más que sobrados para el reconocimiento que se le brindará mañana domingo. Será a las 13.00 horas en el salón de plenos cuando se le impondrá la insignia de hijo predilecto de Aramaio. Un nombramiento que el ayuntamiento, a propuesta del PNV, le concedía de forma unánime el pasado 17 de junio.

Es un homenaje al alcalde que pilotó la tormentosa travesía del franquismo a la democracia; al regidor que condujo a Aramaio durante el lamentable episodio de la voladura de la cruz de Tellamendi, y al líder que pagó su coraje con un atentado con bomba que destrozó su caserío familiar. Y por encima de todo ello, como señalaba un concejal, «a una forma de ser: voluntariosa, colaborativa, cercana y siempre dispuesta a ayudar».

Unzueta ha sabido granjearse el elogio unánime de todo un pueblo con su larga trayectoria en el ámbito agroganadero. Fue controlador del servicio sanitario de la cabaña ganadera desde 1959 e impulsor en años posteriores de iniciativas como la cooperativa de maquinaria agraria o la mutua de seguros constituida entre baserritarras de Aramaio y Arrasate, de la que «fue nombrado presidente». Como recoge en su reseña biográfica sobre Unzueta el también hijo predilecto Josemari Vélez de Mendizabal, Julián se formó en la Escuela Agraria de Larrabea, y era funcionario del servicio de ganadería de la Diputación Foral de Araba cuando, en 1972, recibió recado para presentarse ante el gobernador civil Agustín Asís Garrote. «Bienvenido, señor alcalde de Aramaio. Enhorabuena!» le saludó el gobernador. Unzueta le advirtió de su error: «se equivoca usted, yo no soy el alcalde». Pero el mandatario insistía en que sí, que el nombramiento ya estaba rubricado por el presidente de la diputación Manuel Lejarraga.

Designado alcalde en 1972

Así aterrizaba Unzueta en el despacho de la alcaldía aramaioarra el 4 de julio de 1972. Durante los siguientes 7 años se encargó de administrar la gestión ordinaria de un ayuntamiento cuyo presupuesto ascendía a la sazón a 2,5 millones de pesetas (15.000 euros) y de gobernar este municipio rural y euskaldun a través del torbellino político de la Transición, en una época jalonada de violencia, atentados y derramamiento de sangre.

Mientras se ocupaba de electrificar los barrios, crear la ikastola, constituir la Mancomunidad del Alto Deba... a Unzueta le tocó encarar episodios como la voladura de la cruz de Tellamendi el 1 de enero de 1977. La Guardia Civil, por boca del teniente coronel de Vitoria, ya le había advertido a Unzueta que «la próxima vez que aparezca una ikurriña en esa cruz, la volamos». Aun así, al alcalde no le faltaron arrestos para presentarse ante el teniente del cuartel de Legutio a pedir explicaciones, transmitirle la indignación del pueblo de Aramaio e «informarle que en señal de dolor había sugerido el cierre de establecimientos y sociedades del valle».

Bomba en el caserío

El coraje de que hizo gala ante esta y otras situaciones delicadas acabaría pasándole factura al alcalde Unzueta. Ocurrió en el último año de su mandato, en 1979, cuando una bomba destrozó su caserío familiar Salesan, situado a la entrada del municipio desde Arrasate. «Recibíamos amenazas continuamente, la mayoría por teléfono», le contaría Unzueta años más tarde a Josemari Vélez de Mendizabal. Normalmente era su esposa Benedicta quien contestaba al teléfono. «Le llamamos de ETA, vamos a atentar contra ustedes», le comunicó una voz anónima, a la que Benedicta le replicó: «los de ETA no tienen acento andaluz».

Benedicta y Julián resultaron ilesos «porque en el momento de la explosión nos encontrábamos en la cuadra, y los autores confiaban en sorprendernos en la cocina».

Al día siguiente del atentado un vecino le informó a Julián que había anotado la matrícula de un coche azul estacionado que le había infundido sospechas. «Me acerqué hasta donde había estado el automóvil y pude seguir las marcas de su rodadura.... que llegaban justo hasta nuestro caserío».

Julián hizo averiguaciones para saber a quién pertenecía el vehículos, y resultó que era de un guardia civil del cuartel de Arrasate. «Un grupo de guardias vino a casa a investigar el atentado, y antes de marcharse el brigada al mando me dijo: 'esto ha sido un aviso'».

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