Los 'ferrones' de la Industria 4.0

Relevo. La conmemoración del 35 aniversario de Epele trae un inconfundible aroma de relevo de Jaime (padre) a Antxon (hijo). / OLIDEN
Relevo. La conmemoración del 35 aniversario de Epele trae un inconfundible aroma de relevo de Jaime (padre) a Antxon (hijo). / OLIDEN

La calderería Epele celebra hoy su 35 aniversario reuniendo a 110 invitados en el taller |

KEPA OLIDEN ARRASATE.

A pocos cientos de metros, en las faldas del vecino monte Anporreta, los arrasatearras de hace mil años ya fundían hierro en las 'haizeolas' desde tiempos inmemoriales. Un milenio más tarde, la calderería Epele, en Musakola, encarna la herencia de las incontables generaciones de ferrones que labraron en acero la fama de Mondragón.

Jaime Osinaga y su hijo Antxon, junto con una docena de empleados, son los ferrones de la industria 4.0., y dirigen una de las contadas pymes que ha logrado sobrevivir a todas las crisis que han azotado nuestra industria desde la reconversión de los primeros años 80.

«Aquí no hacemos calderos», advierte Osinaga. De su taller, que hoy celebra su 35 aniversario, salen a día de hoy solo trabajos de alta tecnología, precisión milimétrica y soldaduras impecables.

Imponentes piezas de toneladas de peso para armar las más sofisticadas máquinas-herramienta que producen las empresas de la zona salen del taller de Epele. Pero hoy sábado, componentes tan robustos como las enormes columnas con destino a una prensa de 250 toneladas, deberán dejar sitio a las 'kupelas' de sidra y a las parrillas para asar chuletas. Jaime Osinaga, responsable único de la calderería desde el fallecimiento en 2003 de su socio Jesús Nafarrate, no quiere desaprovechar la ocasión de conmemorar como es debido el 35 aniversario desde que él y el difunto Nafarrate fundaran la empresa un 21 de abril de 1983. Y lo quieren hacer «con un reconocimiento muy especial a todos los trabajadores del taller, sin olvidar a clientes y a proveedores, porque gracias a ellos nuestra calderería puede conmemorar hoy este feliz aniversario», agradecía Osinaga.

La celebración, que congregará a 110 invitados entre trabajadores, exempleados, familiares, clientes y proveedores en una comida en el mismo taller, tiene un inconfundible aroma a relevo generacional. Jaime Osinaga, entrado en la sesentena, va camino de pasar el testigo a su hijo Antxon, de 29 años. Sus diez años de experiencia laboral en el taller y, sobre todo, su titulación internacional en soldadura por el centro tecnológico IK4-Lortek, avalan la cualificación profesional del joven Osinaga. Esta formación, equivalente a una ingeniería en soldadura, le acredita como inspector facultado para homologar las soldaduras en importantes empresas vascas. En este centro se gradúan solo 15 titulados cada tres años para todo Euskadi. Y Antxon es uno de estos contados peritos cuyo dictamen y su firma son preceptivos para aprobar o suspender el trabajo de los soldadores, y como tal sus servicios son contratados por empresas que realizan montajes en México, Sudáfrica, Polonia...

Aunque los encargos industriales dan de comer a la Calderería Epele, Jaime Osinaga también saca parte de su tiempo para cultivar el arte. El prestigioso escultor arrasatearra Iñigo Arregi tiene aquí su segundo taller para el montaje de sus obras en acero corten de gran formato. Aunque no es el único artista al que asiste Osinaga. Arregi, que ha expuesto en las más importantes salas europeas y que próximamente lo hará en Bélgica, siempre ha agradecido la ayuda de Osinaga, y una magnífica obra suya preside la entrada a esta veterana calderería de Musakola.

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