Banco de alimentos en La Merced

Voluntarios. La concejal Amaia Azpiazu, el párroco Horacio Argarate y tres voluntarios de Harreman en el lugar de reparto. / OLIDEN
Voluntarios. La concejal Amaia Azpiazu, el párroco Horacio Argarate y tres voluntarios de Harreman en el lugar de reparto. / OLIDEN

Voluntarios de Harreman reparten alimentos a los beneficiarios que asigna Caritas | Unas 200 familias y 406 personas, entre ellas 59 menores de cuatro años, reciben estas ayudas en productos alimenticios

KEPA OLIDEN ARRASATE.

Doscientas familias sin recursos reciben mensualmente la ayuda en especie que brinda el Banco de Alimentos en entregas que se efectúan el tercer jueves de cada mes en el antiguo colegio de La Merced. El ayuntamiento ha suscrito un convenio con las religiosas mercedarias para alquilar dos salas donde realizar el reparto. Además, el consistorio corre con los gastos del transporte de las mercancías desde el almacén del banco en Bergara.

Un total de 604 personas domiciliadas en Arrasate, entre ellas 59 menores de cuatro años, se benefician de esta ayuda que Cáritas asigna y Harreman reparte. Son en su inmensa mayoría extranjeros que viven bordeando la pobreza con ingresos «por debajo de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI)». El párroco Horacio Argarate y los voluntarios de Cáritas se encargan de seleccionar a los demandantes de ayuda que cumplen los requisitos, y lo hacen recibiendo a los solicitantes en su sede de la casa cural de 16.00 a 18.00 horas. Para ello deben acreditar la identidad, certificar el empadronamiento en Arrasate y el número de miembros del núcleo familiar y presentar un certificado de ingresos. Esto último se coteja en Lanbide y en los servicios sociales del ayuntamiento. En ese sentido, Argarate alababa la «gran honestidad» que prevalece entre los solicitantes.

Repartir peces

Javier Ruiz de Munain, desde la oenegé Harreman, se ocupa de la distribución de los alimentos con la ayuda de una decena de voluntarios. Fórmulas de beneficencia como la presente no casan bien con la filosofía de Harreman, que según Munain es más de «enseñar a pescar que de regalar pescado». Y mencionaba los proyectos de desarrollo que Harreman promueve en Ankur (India) o Mozambique «con el objetivo de generar oportunidades de formación y de trabajo». Pero mientras se enseña a pescar también hay que comer y, como decía Munain, en el seno de Harreman «nos preguntamos si realmente era necesario repartir alimentos en Arrasate». Y la respuesta es que «sí, que hay familias con necesidad». Así, Harreman se ha involucrado de lleno en esta iniciativa de ayuda recabando voluntarios y articulando un ingenioso sistema para distribución de alimentos. «La mayoría somos personas jubiladas -explicaba Munain- y acarrear pesadas cajas conteniendo todo tipo de alimentos (bolsas de legumbres, arroz, cartones de leche, botellas de aceite...) no era lo más aconsejable». Alguien tuvo la idea de recurrir al empleo de los típicos carros de supermercado, y Eroski les regaló un total de 40 de estos cómodos carros rodados. Un favor que agradecen sinceramente porque, como aseguran desde Harreman, «ha resultado una solución perfecta. El transporte de alimentos por kilos que llega del almacén de Bergara se clasifica y se distribuye en los carros, de forma eficiente y sin esfuerzo». Los carros se llenan en función del número de integrantes del núcleo familiar al que van dirigidos. Organizados en hileras, hay filas de carros para beneficiarios individuales y así progresivamente hasta para familias de siete miembros. Y en el caso de que haya un menor de cuatro años, al carro se le añade otro lote suplementario que contiene pañales, potitos, papillas... Y productos similares.

La agilidad de este procedimiento permite ventilar prácticamente en un día el reparto de alimentos a las 200 familias beneficiarias. Y además ahorra espacio de almacenamiento. Según Munain, en otras localidades realizan el reparto mediante el empleo de pesadas cajas que se amontonan y que demoran el proceso de distribución.

En el caso de Arrasate, cada perceptor de la ayuda aguarda escrupulosamente su turno con el número asignado. Un voluntario aseguraba que se ha implantado este sistema «por exigencia de las mujeres y para evitar que, como en algunos casos venía ocurriendo, los varones les saltaran el turno a las mujeres que aguardaban por delante de ellos en la cola».

Una docena de voluntarios -«suficientes para realizar la tarea»- se ocupan de la distribución de los alimentos. Pero Munain no quería desanimar a potenciales voluntarios deseosos de ayudar: «Todo el mundo es bienvenido, porque siempre hay algo que hacer, tanto en Harreman como en Cáritas»

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