Androides en un Bilbao futurista

Presentación. Montiano firma un ejemplar a una lectora./OLIDEN
Presentación. Montiano firma un ejemplar a una lectora. / OLIDEN

La última novela de Juan Ignacio Montiano aúna humor, misterio y ciencia ficción. '¿Sueñan los humanos con androides cariñosos?' tiene como protagonista a Pablo Artola, un perdedor tan zafio como afortunado

KEPA OLIDENARRASATE.

La novena novela del médico pedíatra y escritor arrasatearra Juan Ignacio Montiano conjuga humor, misterio y ciencia ficción en torno a la historia de un personaje que arruina su vida pero al que un golpe de buena suerte le salva in extremis y le abre la puerta a una existencia de lujos y placeres. Hasta que un crimen torpedea su recién adquirida felicidad.

'¿Sueñan los humanos con androides cariñosos?' (Editorial Atlantis) ha visto la luz esta semana tras dos años de cocina. El autor ambienta la obra en un Bilbao futurista, «con la inteligencia artificial como trasfondo» y donde personas y androides son prácticamente indistinguibles. Pero los avances tecnológicos de finales del siglo XXI chocan con la zafiedad del personaje principal de la novela. Pablo Artola es un perdedor que estudió egiptología «para convertirse en faraón o quizá porque de joven fumaba sustancias diferentes al tabaco». La realidad es que es vago, escaqueado e incapaz de conservar un empleo. La última jefa que le despide se apiada de él, y «confundiendo lástima con amor, se casa con él y se lo lleva a casa». Pero al cabo de 4 años, la indolencia y ordinariez de Pablo tornan el altruismo de la mujer «en odio y asco», y lo pone de patitas en la calle. Casualmente, esa misma tarde Pablo había comprado un billete de lotería «en un bar de diseño». Desahuciado, empeñado e indigente, lo único que le queda es el billete de lotería que a la postre resulta agraciado con un «obsceno» premio de 100 millones de 'eurodólares'. Se instala en un palacete y busca quien se ocupe de las labores domésticas, algo que a él nunca le ha incumbido. Y en esa búsqueda, tras su fracasada relación con sus congéneres humanos, recurre a la más avanzada tecnología en la fabricación de androides: Androideak Sociedad Cooperativa, con sede en el Guggenheim. Allí adquiere el mejor producto que el dinero puede pagar: 2 androides mujeres espectaculares. Como decía el propio autor, Artola emplea su dinero en estas «actitudes machistas, egoístas y promiscuas».

Bibliografía

Narrativa
El cadáver de Porqueriza (1995); 'Zaíno' (1997); 'Los vagabundos' (2004); 'El fabricante de dragones' (2005); 'Todo vale' (2010); 'Ajuste en la alcaldía' (2013); 'El astado: vuelve la bestia' (2014), y 'Prohibido entretener' (2014).
Traducciones
'Zaíno' ha sido traducido al alemán y 'El fabricante de dragones' fue traducido al euskara por Jon Iñaki Lasa con el título de 'Dragoigileak'.

Pablo Artola vive en el paraíso, con estas dos androides que encima «son hinchas del Athleti» como él, cuando en su particular jardín de las delicias irrumpe de pronto su exmujer «diciendo que está embarazada». Le encuentra tras algunas semanas de búsqueda guiada por la intuición de que es él a quien le ha correspondido el fastuoso premio.

Le ordena devolver los Androides, no así el palacete, que le ha gustado, y avisa a Pablo de que le va a congelar la fortuna hasta que nazca la criatura que lleva dentro y le anticipa que le va a sacar una pensión «impresionante». Pero las cosas se complican cuando al día siguiente la mujer aparece muerta de un hachazo en la cabeza. Y todas las sospechas recaen sobre él.

La inspectora de la Ertzaintza Luisa Gartzia Otwen, hija del inspector Luis García, conocido de los lectores de Montiano por su papel en 'El cadáver de Porqueriza' (1995), 'Zaíno' (1997) o 'Los vagabundos' (2004), se hará cargo de la investigación del caso.

Juan Luis Goikoetxeta, de la editorial Atlantis, refirió la crítica de un lector profesional que alabó la «narración impecable y el ritmo perfecto de esta obra que se lee de un tirón». Decía del estilo de Montiano que es «aparentemente directo y sencillo, pero lleno de matices y sutilezas que nos muestran a un escritor perspicaz, inteligente y muy astuto». «Siempre se ha dicho que el humor es una vara de medir la inteligencia y esta obra es un buen ejemplo de ello», concluía.

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