Diario Vasco

'Panaderito', furtivo y trampero

Zarugalde. El río Aramaio aún incontaminado y lleno de vida a su paso por Munar y Zarugalde en un foto sin datar.
Zarugalde. El río Aramaio aún incontaminado y lleno de vida a su paso por Munar y Zarugalde en un foto sin datar. / DV
  • Antonio Aguilar Goikoetxea fue conocido como el nutriero desde aquí hasta Araba

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La vida de 'Panaderito' «es digna de una novela». Josemari Vélez de Mendizabal conoció bien a Antonio Aguilar Goikoetxea, un consumado furtivo y trampero que era capaz de leer los rastros de las presas a las que recechaba. Unas huellas o un rastro de orín le bastaban para deducir si la pieza -ya fuera un zorro, un jabalí o una nutria- era macho o hembra o si estaba en celo. 'Panaderito' se labró una reputación de implacable cazador de 'alimañas', con especialidad en las gráciles nutrias. Entre los dientes de su cepo morirían los últimos ejemplares de este mustélido acuático que poblaban las riberas del río Aramaio aguas arriba del barrio de Uribarri. De eso hace más de 60 años.

Su fama se extendía hasta la vecina provincia de Araba, donde se le conocía como el 'nutriero' por la cantidad de piezas de esta especie que se cobró durante años en las riberas del Zadorra.

Alimañero

Por escandaloso que parezca hoy, la caza de las especies históricamente consideradas dañinas para los intereses del hombre era no solo aplaudida sino también recompensada tanto por instituciones como por particulares. Heredero de esta tradición secular, 'Panaderito' acabó con la vida de incontables zorros cuyos despojos exhibía de pueblo en pueblo y de casa en casa para embolsarse la correspondiente propina o recompensa.

Con los osos y lobos extintos mucho tiempo atrás, la lista de alimañas incluiría asimismo tejones, gatos monteses, garduñas, turones, aves rapaces... especies de pelo y de pluma que el sagaz 'Panaderito' no tenía problemas en abatir. Lo que hoy puede parecernos una monstruosidad era hace 60 años una práctica socialmente aceptada.

La destreza cazadora de Panaderito era legendaria. José Luis Aranzabal, que durante años regentó la tienda familiar de caza y pesa de Canuto, recuerda que Aguilar «empleaba el cepo para capturar nutrias. Descubría los puntos por los que se zambullían al agua y entonces ponía la trampa bajo el agua exactamente en el punto de zambullida». El desafortunado animal, denominado en euskara ur-txakurra, se acaba ahogando irremediablemente para cuando 'Panaderito' acudía a revisar la celada. Pero alguna vez «llegó a tiempo para rescatar a la nutria aún con vida» rememora Aranzabal. «Con gran habilidad, le amarraba un palo en las fauces a modo de bocado y con la misma cuerda le ataba también sus palmeadas garras».

Aranzabal cuenta que así exhibía a las suyugadas nutrias en la panadería de Azkarate de la calle Zarugalde, donde trabajaba Aguilar. Aranzabal, testigo de aquella exhibición, sostiene que las nutrias autóctonas eran animales de considerable tamaño. «Pesarían más de 10 kilos y poseían una mordedura que infundía respeto». Pero tuvo que venir el despiadado 'Panaderito' para descubrir a los arrasatearras la biodiversidad que albergaban por entonces nuestro ríos. «Hasta entonces ni nos habíamos percatado de la existencia de nutrias», se sinceraba Aranzabal.

Taxidermista

Pese a su dentadura y zarpas, no se sabe de ninguna nutria que hubiera mordido a ningún arrasatearra. Ni siquiera saqueaban gallineros como los zorros y hurones. Las nutrias se limitaban a comer truchas, loinas, zarbo-eskallus y cangrejos, un 'pecado' imperdonable para los pescadores, como también lo era el 'depredador' 'Panaderito'.

Las piezas de caza, decía Vélez de Mendizabal, nutrían el taller de taxidermia de 'Panaderito', con el que se sacaba un complemento a su jornal de panadero. No le consta que en algunos casos vendiera las pieles a curtiderías, aunque «tampoco lo descarto» añadía.

En las penurias de la posguerra, 'Panaderito' se sacaba un complemento de subsistencia con su furtivismo. Obviamente, operaba solo. Tanto es así que para ahorrarse compañías no deseadas «le arrancó el asiento de atrás a la moto en la que siempre se desplazaba», contaba Aranzabal. Pero su carácter solitario casi le costaría la vida. Pescador incansable, «hubo temporadas en que llegó a pescar 100 kilos de truchas con la chalupa que poseía en Ulibarri-Ganboa», recuerda Vélez de Mendizabal. Sus jornadas de pesca «podían prolongarse durante 3 y 4 días en que pernoctaba en una de las tumba del viejo cementerio de Landa en la isla de Zuaza».

En una ocasión en que iba solo, como siempre, un golpe de viento volcó su chalupa y 'Panaderito' permaneció durante un largo tiempo en el agua esforzándose por no ahogarse hasta que por fin alguien reparo en la barca volcada y al acercarse le rescató del agua. «Ocurrió en los primeros años 80 y, del susto, nunca más salió a pescar».

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