Diario Vasco

Una vocación imperecedera

Okendo. Zubiaga expone 80 cuadros en un local que posee en la calle Maalako Errabala.
Okendo. Zubiaga expone 80 cuadros en un local que posee en la calle Maalako Errabala. / OLIDEN
  • Rafael Fernández Zubiaga ha pintado 604 cuadros desde su retiro hace 20 años

  • El artista de Orduña fue pintor profesional hasta los 23 años y retomó los pinceles tras un paréntesis de 42 años

Rafael Fernández Zubiaga, contra lo que pueda parecer, es un pintor precoz. La jubilación de la que disfruta desde hace veinte años es para él un retorno a la vocación que con tanto entusiasmo cultivó en su juventud, cuando llegó a dedicarse profesionalmente a la pintura. Un paréntesis de 42 años separa las dos etapas artísticas de este comerciante de muebles retirado.

Desde que a la jubilación desempolvara el caballete, este paisajista que firma como Zubiaga no se ha dado tregua con los pinceles. «He pintado 604 cuadros» recuenta con evidente orgullo. Su producción artística progresa a un ritmo de treinta lienzos al año y, aunque ya ha vendido la mitad de sus fondos, aún le quedan más que suficientes para nutrir la exposición que mantiene en un local de su propiedad sito en los bajos de la casa Okendo, en Maalako Errabala.

Ochenta óleos decoran las paredes de este espacio mitad sala de exposiciones y mitad estudio que Zubiaga posee en este histórico edificio caracterizado por su espléndida fachada barroca herreriana.

El visitante puede admirar los paisajes naturales y urbanos que el veterano artista ha reproducido «siempre in situ, nunca mediante fotografías», en los incontables viajes que ha realizado durante los últimos veinte años. «He pintado en multitud de rincones de Bélgica, Francia, España...» explicaba el autor. Y no podían faltar las vistas de su localidad natal, Orduña, donde Zubiaga vino al mundo en 1933.

Hijo de un zapatero y dibujante autodidacta, el joven Rafael no tardaría en destacar en la escuela por sus dotes artísticas. A los nueve años, orientado por su padre, ya realizaba copias ampliadas de fotografías, a lápiz y carboncillo, que llaman vivamente la atención. A los catorce debuta en el óleo. Pero será su maestro Bay-Sala, seudónimo del artistas vizcaíno Juan Bayón Salado (1913-1995) quien impulsará definitivamente su carrera artística.

Bay-Sala frecuentaba la zona de Orduña en sus excursiones pictóricas, y el pequeño Rafael le «seguía a todas partes para observarle mientras pintaba». Así aprendió mucho y se granjeó una amistad que le abriría muchas puertas en el mundo del arte. «Convenció a mi padre para que yo dejara el taller de zapatería y me dedicara profesionalmente a la pintura». Desde los 13 hasta los 23 años, Zubiaga vivía de los pinceles, y no le fue mal.

Tenía 18 años cuando, por intercesión de su maestro Bay-Sala, Rafael se convertiría en el autor más joven en exponer en la prestigiosa Galería Arte de Bilbao. Su muestra, como le dijo el galerista don Ramón, inauguraba la temporada. «Eran paisajes de mis viajes por Ceuta, Granada, Sevilla... y los vendí casi todos» recuerda Zubiaga. «Y con lo que gané les monté a mis padres un negocio de calzado en el mismo lugar donde mi padre trabajaba de zapatero».

La pintura también le sirvió para dulcificar su periodo de servicio militar. «Le pinté un retrato al capitán a dos hijas del brigada, y me destinaron a mi pueblo, a Orduña».

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate