Diario Vasco

Los negocios y el arte no se conjugan bien

Motivos familiares condujeron a Rafael Fernández Zubiaga a afincarse en Mondragón. Tenía 23 años y hasta entonces había vivido de la pintura. Pero en Arrasate se tuvo que hacer cargo de un pequeño comercio de muebles perteneciente a su familia. Sobre esta base fundaría en 1956 la Amuebladora Mondragonesa, un negocio que nacía «el mismo año en la primera cooperativa, Ulgor». Zubiaga no oculta que las cosas le han ido bien. Pero su actividad profesional le obligaría a colgar los pinceles. «Del disgusto que se llevó, mi padre estuvo sin hablarme durante algún tiempo» Ahora, en la jubilación, Zubiaga recupera su temprana vocación.

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