Diario Vasco

El 'milagro' de Arizmendiarrieta

Oración. Un breve acto, con una oración y un padrenuestro, siguió a la inhumación de los restos de don José María en la parroquia.
Oración. Un breve acto, con una oración y un padrenuestro, siguió a la inhumación de los restos de don José María en la parroquia. / OLIDEN
  • Su nombramiento como venerable se ventiló en dos años en El Vaticano cuando esperaban que se prolongase unos veinte

  • Mientras estudian sus 'milagros', su gran obra es el primer grupo empresarial vasco

Ahora que tanto se habla de milagros atribuibles a Arizmendiarrieta y que le podrían franquear el ascenso a los altares, el presidente de la fundación canónica que lleva su nombre, Juan Manuel Sinde, mencionaba ayer que sí hay algunos casos de curaciones extraordinarias «que estamos estudiando, con tranquilidad y distancia». Pero Sinde, durante el acto de inhumación de los huesos de don José María en la parroquia, no dejaba pasar la ocasión de resaltar que el «mayor milagro de don José María, según creyentes y no creyentes, es haber puesto en marcha un grupo empresarial que emplea a 75.000 personas en base a uno valores completamente distintos del capitalismo, fundados en el respeto a la persona y a la prioridad del bien común sobre los intereses individuales, en buscar la participación de los trabajadores en la gestión, en los resultados y en la propiedad, en buscar la cohesión de la empresa, en ver que la empresa se preocupa de la sociedad y no de sus propios intereses exclusivamente...»

Ese es el gran milagro, sobradamente reconocido y constatado, cuya paternidad corresponde a un simple coadjutor parroquial. Y su «grandeza», en palabras de Alfonso Gorroñogoitia, reside precisamente en que siendo un sencillo cura «tuvo, primero la capacidad y luego la vocación y las ganas de hacer» lo que al final hizo de verdad.

Llevar a la realidad práctica las enseñanzas de la doctrina social de la Iglesia fue sin duda el gran mérito de un hombre que despierta una gran admiración en medios eclesiásticos. Prueba de ello era la presencia en el acto de inhumación de ayer de un jesuita y catedrático andaluz especialista en la doctrina social de la Iglesia, que se acercó hasta Mondragón para demostrar su admiración por un hombre cuya obra «causa admiración en Roma».

Ser el inspirador de un conglomerado empresarial que ostenta el primer puesto del ranking vasco, sin duda engrasa el proceso de canonización de don José María puesto en marcha en 2005. Juan Manuel Sinde, desde la Fundación Arizmendiarrieta reconocía que la fase vaticana del proceso ha «superado un hito muy importante» con su nombramiento como venerable «en dos años». «Nos habían dicho que íbamos a necesitar 20 años», se sinceraba. Y esto ha sido así «porque básicamente la Iglesia también ha visto el interés que tenía el poder mostrar una realidad económica extraordinaria y excepcional basada en la doctrina social de la Iglesia».

Santo

Sinde añadía que el hito del nombramiento de venerable «quiere decir que la Iglesia, formalmente y para siempre, ha considerado que don José María es santo. Como nos dijo el propio cardenal Amato cuando vino, que el Papa haya tomado esa decisión significa que para la Iglesia Arizmendiarrieta es santo. Quedan los milagros, que de alguna manera serán la constatación que también es santo a ojos de Dios, pero eso ya vendrá».

Hablar de plazos «no tiene sentido» en un proceso de canonización que «quedará para las siguientes generaciones». Mientras, Arizmendiarrieta, a los 40 años de su muerte, descansa ahora en lugar sagrado a la espera de que su beatificación inaugure su culto público.

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