Diario Vasco

Buscando la datación del castillo

Cata. La arqueóloga Mertxe Urteaga, en primer plano, excava en la cimentación del castillo.
Cata. La arqueóloga Mertxe Urteaga, en primer plano, excava en la cimentación del castillo. / OLIDEN
  • El carbón contenido en el mortero de cimentación desvelará cuándo se construyó

Algo aparentemente tan nimio como unos restos de carbón y ceniza contenidos en la argamasa de la cimentación podrían encerrar la respuesta al enigma de cuándo se construyó el castillo de Goikobalu. No se conoce ninguna mención documental sobre su origen y hoy por hoy todas las pistas se reducen a la moneda de Alfonso el Batallador, rey de Aragón y de Pamplona entre 1104 y 1134, descubierta por la arqueóloga Mertxe Urteaga en 1992. Pero se sabe que el cuño empleado para troquelar estas monedas «se siguió usando muchos años después de este rey», previene la investigadora de la Fundación Arkeolan.

Urteaga conoce bien Goikobalu y su largamente desaparecido castillo. Ha dedicado las campañas de 1987, 1992, 1993 y 2012 a relevar su trazado y características. Descubrió los cuatro cubos que remataban los extremos de esta fortaleza de planta cuadrangular y que tenía unas dimensiones aproximadas 20 por 20 metros.

Otros castillos coetáneos que se conservan, como los de Donostia y Hondarribia (el antiguo que se conserva dentro del parador), inducen a imaginar que sus gruesos muros pudieron elevarse unos 8 o 10 metros de altura. Urteaga explicaba que el de Goikobalu poseía la configuración del castillo medieval clásico. En una campaña previa reveló el emplazamiento del portón del castillo -que daba hacia Gazteluondo- y que «presumiblemente contaba con un puente levadizo sobre el foso perimetral que rodeaba a la fortaleza».

A la veterana arqueóloga irundarra no le resta sino ponerle fecha al castillo. Y a eso precisamente ha venido esta semana acompañada del dendrocronólogo (especialista en la datación de la madera) Josué Susperregi, responsable del ramo en Arkeolan. Con la colaboración de Javier Bengoa y José Ángel Barrutiabengoa, de Arrasate Zientzia Elkartea, han excavado un segmento de suelo por donde discurría uno de los muros y han desenterrado su cimentación. Entre lascas de cantería (prueba de que los sillares se tallaron in situ) y piedra de relleno, los arqueólogos buscan restos de mortero que podría contener residuos orgánicos, con preferencia carbón, para someterlo a la prueba del carbono 14 y poder así datar cronológicamente el origen del legendario castillo arrasatearra. Si encuentran el material que buscan, el enigma del origen de este baluarte podría aclararse definitiva e inapelablemente en el plazo de pocas semanas.

Hasta entonces, la hipótesis barajada por los investigadores apunta a que este castillo, como otros de la época, podría tener su origen en los «intentos de ordenar el territorio» que emprendieron García Ramírez, considerado el restaurador del reino de Pamplona, coronado en contra de las disposiciones testamentarias de Alfonso I el Batallador, y su hijo Sancho VI el Sabio, primer rey de Navarra y fundador de San Sebastián (1180). Su ordenación del territorio pasaba por construir castillos desde donde sus 'tenentes' ejercían el dominio real navarro sobre el territorio. Pero si el carbono 14 revela que el baluarte es un poco anterior -de Alfonso el Batallador- esta hipótesis no se sostendría.

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