Diario Vasco

Haizeola milenaria en Anporreta

Anporreta. Barrutiabengoa y Bengoa, de AZE, y el arqueólogo Etxezarraga ante la haizeola.
Anporreta. Barrutiabengoa y Bengoa, de AZE, y el arqueólogo Etxezarraga ante la haizeola. / OLIDEN
  • Los restos de carbón conservados en su crisol datan de la segunda mitad del siglo XI

  • Las conjeturas sobre el origen de la actividad minerometalúrgica en Mondragón se remontan a época romana

Corrían los tiempos de la Primera Cruzada (1096-1099) y de la conquista de Valencia por el Cid Campeador (1094) cuando unos ferrones llevaban a cabo las últimas fundiciones de hierro en una antigua 'haizeola' o ferrería de viento de Anporreta. Estos súbditos del Reino de Navarra, cuyos descendientes poblarían siglos después la villa de Mondragón, ya bajo dominio castellano, desempeñaban su actividad metalúrgica desde tiempos inmemoriales en un enclave cuyo nombre primitivo se nos escapa. Podría tratarse de 'Çaralia' o Zara, como se desprende de un documento fechado en 1262, o quizá podría ser la antiquísima Teluola, un topónimo que ha desempolvado Arrasate Zientzia Elkartea (AZE).

De lo que no hay duda es que corresponde a una zona de ancestral e importante actividad de fundición de hierro, a juzgar por la profusión de escorias que dejaron en herencia y que aún hoy siembran la ladera noroeste de Anporreta, en el paraje conocido como Iturritxipi.

Siguiendo la pista de estos escoriales, los investigadores de AZE y los arqueólogos Iosu Etxezarraga y Xabier Alberdi, del Museo de la Minería del País Vasco, descubrían y desenterraban recientemente la haizeola «mejor conservada de Gipuzkoa», en opinión de Etxezarraga.

Las faldas de Anporreta pueden ocultar probablemente más haizeolas medievales, como sospechan los investigadores. Pero el primer horno descubierto en septiembre no deja de deparar gratas sorpresas.

A su excelente factura y conservación se le añade ahora la revelación de que este horno de montaña atesora una antigüedad milenaria. Estaba en funcionamiento en la segunda mitad del siglo XI.

La datación del carbono 14 contenido en los restos de carbón vegetal conservados en el crisol del horno nos retrotrae mil años atrás.

Pero lo más asombroso es que los restos de carbón analizados en los laboratorios Beta Analytic Radiocarbon Dating de Miami, Florida, EE.UU. corresponderían a las últimas coladas realizadas en esta haizeola. Y si este horno se abandonó en el siglo XI, surge la inevitable pregunta ¿desde cuándo estuvo en funcionamiento?

La interrogante, como otras muchas relativas a las haizeolas, no tiene respuesta. José Ángel Barrutiabengoa y Javier Bengoa, de Arrasate Zientzia Elkartea, afirman que hoy por hoy no existen pruebas arqueológicas ni documentales que arrojen luz sobre estas incógnitas históricas sumidas en las más oscuras tinieblas.

A falta de certezas, se prodigan las conjeturas que remontan la actividad minerometalúrgica local al tiempo de los romanos, si no antes. Barrutiabengoa revelaba que una galería minera descubierta en las entrañas de Udalatx, y que se conserva milagrosamente intacta, «podría albergar indicios de actividad extractiva de mineral de hierro de época romana». La investigación se halla en curso y aún es demasiado pronto para aventurar conclusiones, advertía con cautela el investigador de AZE.

Otra hipótesis histórica que respaldaría el origen romano de la minerometalurgia mondragonesa tiene su base en San Valerio, en el barrio de Mietzerreka o Veneras, corazón de la industria del hierro y probable embrión de la futura villa.

La advocación del patrón de los mineros mondragoneses -no hay más lugares de culto a San Valerio en Euskal Herria- pudo haberse originado de una estela latina de época romana que durante siglos se veneró en aquel lugar. En la estela se leía: 'Valerivs tirio dialco votum libens me rito?', y, como atestiguaba Esteban de Garibay, se guardada en la ermita de San Valerio y era objeto de gran devoción por parte de los mondragoneses del siglo XVI que acudían a tocarla con la frente en la creencia de que aliviaba el dolor de cabeza.

Pero estos ritos de tintes paganos sobre una estela precristiana acabarían por despertar las suspicacias de la Santa Inquisición ante la sospecha de que en Mondragón se rendía culto a un dios precristiano llamado Decalgos. Por ello, en los albores del siglo XVIII la estela romana fue retirada de la ermita y enterrada.

Andando el tiempo, un erudito e investigador madrileño llamado José de Vargas Ponce vino a Mondragón en 1804, y después de desenterrarla se llevó la estela a Madrid para estudiarla.

Allí permanecería sumida en el olvido durante dos siglos hasta que en el año 2010 el catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Alicante, Juan Manuel Abascal, publicó en la revista 'Archivo español de arqueología' un artículo dedicado a una inscripción latina custodiada en el Museo de Segóbriga (Saelices, Cuenca) que al fin desvelaba el paradero de la estela que hace doscientos años se llevaron de San Valerio.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate