Diario Vasco

La corporación exiliada en Elorrio

Exilio. El último alcalde de la república, NIcolás Uriarte (PNV), devolvió desde el exilio todos los fondos municipales que se le confiaron.
Exilio. El último alcalde de la república, NIcolás Uriarte (PNV), devolvió desde el exilio todos los fondos municipales que se le confiaron.
  • El alcalde NIcolás Uriarte constituyó el Ayuntamiento en el destierro hace 80 años

Así como se constituyó un gobierno en el exilio bajo la presidencia de los lehendakaris Agirre y Leizaola sucesivamente, también hubo un Ayuntamiento de Mondragón en el destierro. Lo presidió el último alcalde de la II República, el jeltzale Nicolás Uriarte y el pasado 19 de octubre se cumplían 80 años de su constitución en Elorrio, concretamente en el número 3 de la calle Urarea.

El escritor e investigador Josemari Vélez de Mendizabal ha desvelado en su blog en euskara Hots Begi Danbolinak el acta que daba carta de naturaleza a aquel consistorio expatriado y leal a la legalidad republicana que constituyeron en el exilio elorriorra estos cinco corporativos: Nicolás Uriarte (PNV), Eustasio Markaide (ANV), Felipe Letona (Izquierda Republicana), Fernando Gómez (PSOE) y Fernando Gómez (PSOE).

El acta que Vélez de Mendizabal ha dado a conocer fue la primera y última de esta efímera corporación, y resolvía, entre otros acuerdos, abonar «a los empleados municipales refugiados en zona leal los haberes correspondientes a la primera quincena de octubre». A los que «no se presenten ante este ayuntamiento», nada.

Asimismo, el pleno acordó «suspender en sus empleos y sueldos a todos aquellos funcionarios municipales de cualquier ramo de la administración municipal que, al ser evacuado Mondragón, no hayan seguido a su ayuntamiento».

Depuraciones

En el capítulo de destituciones y purgas quienes más se cebaron fueron las nuevas autoridades municipales franquistas establecidas tras la toma de Mondragón por los 'nacionales' el 26 de septiembre.

El ayuntamiento franquista presidido por Jesús Gorosábel Mendía se aplicó con fervor a la depuración de elementos 'desafectos'. Como se detalla en el libro 'Arrasate 1936. Una generación cortada' (Ed. Arabera) de Oktubre Taldea, el 16 de marzo de 1937 se dio lectura en un pleno al escrito remitido por el gobernador civil de Gipuzkoa y Bizkaia «en el que se daba cuenta de la cesantía en los cargos que desempeñaban 17 funcionarios municipales de un total de 40».

Los empleados municipales despedidos fueron Juan Cruz Aranburu Zabaleta (secretario del juzgado), Trinatario Azconaga Arana (inspector de la guardia municipal), José Atxa Iturbe (alguacil), Juan Arana Ibarguen (alguacil), Martín Unamuno Jáuregui (alguacil), Cecilio Garro Altube (cabo de serenos), Eugenio Andonegi Arrillaga (sereno), José Cortés Arana (suplente de sereno), Román Etxebarria Altuna (administrador-recaudador), Francisco Uribetxebarria (oficial primero de secretaría), Agustín Aranburu Zabaleta (depositario, que había sido fusilado en Oiartzun el 5 de noviembre de 1936 por sus simpatías nacionalistas), José María Arriaran Ortueta (escribiente), Alberto Martínez de Ubago Lizarraga (médico), Casimiro Labajos Moreno (médico) y Guillermo Juldain Saiz.

Las vacantes sería cubiertas, según acuerdo del 22 de abril de 1940, con afectos al nuevo régimen: mutilados, excombatientes, oficiales provisionales o de complemento y huérfanos.

La honradez de Uriarte

El alcalde exiliado Nicolás Uriarte Ceberio huyó llevándose los fondos municipales para poder abonar los salarios y los pagos a los proveedores. En una carta que remitió al alcalde Domingo Arzamendi en agosto de 1940 -Jesús Gorosábel había dimitido en octubre de 1938 por enfermedad-, Uriarte le comunicaba que había entregado al cónsul de España en Baiona de las 39.100 pesetas de los fondos municipales que le fueron confiados en el momento de la evacuación previa a la entrada de las tropas franquistas en septiembre de 1936. Aquellos fondos habían sido asignados a la comisión de abastos constituida al estallar la guerra civil para garantizar el abastecimiento a la población de artículos de primera necesidad y el control de precios. De acuerdo con sus compañeros de la comisión, Uriarte, en calidad de alcalde, se hizo cargo de esos fondos para abonar salarios y pagar a proveedores.

El exalcalde republicano le confiesa al regidor franquista que «dichos fondos han sido para mí en todo momento una gran preocupación». Uriarte confiaba en reintegrar personalmente el dinero al término de la guerra. Pero no pudo ser. Tampoco consiguió que alguien de su confianza llevará el dinero de vuelta. «Los interesados se resistían a cumplir la misión por considerarla un compromiso». Y todo esto, mientras «herido por una bomba de aviación, amputado una brazo como consecuencia de las heridas, fui evacuado a Francia en unión de mis familiares». Uriarte confiesa que sufrieron hambre y penurias durante aquellos aciagos meses, pero aun así «jamás se me pasó por la imaginación aprovecharme de un dinero que no me pertenecía».

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