Diario Vasco

Pío Baroja 'vuelve' a Monleón

Baroja. El universal escritor donostiarra frecuentó la amistad del ingeniero Rafael Ariza y pasaba temporadas en su finca de Etxezarreta.
Baroja. El universal escritor donostiarra frecuentó la amistad del ingeniero Rafael Ariza y pasaba temporadas en su finca de Etxezarreta. / DV
  • El autor de 'El cura de Monleón' será recordado el martes con una charla y lectura

El programa 'Volver a Baroja', organizado por la Diputación Foral de Gipuzkoa, conmemorará el 60 aniversario del fallecimiento del universal escritor donostiarra con numerosas actividades que pretenden acercar a la ciudadanía la figura de este autor perteneciente la 'generación del 98'.

Los actos programados, aunque centrados en San Sebastián, llegarán también a Arrasate. Será pasado mañana, martes 25, cuando el escritor y poeta euskaldun Ángel Erro (Iruñea, 1978) pronunciará en Kulturate (19.00h.) la conferencia en euskera 'Pío Barojaren testamentua'. A su término se reproducirá una grabación de la actriz Ane Gabarain dando lectura a un fragmento de la emblemática novela de Pío Baroja 'El árbol de la ciencia', publicada en 1911.

Sin desmerecer de esta obra maestra del escritor donostiarra, viene a cuento recordar que Pío Baroja (1872-1956) dio a la imprenta en 1936 una novela que en buena parte se ambienta en Mondragón, y puede suponerse que su lectura encajaría mucho mejor en el acto del martes en Kulturate.

'El cura de Monleón', desdeñada como una «obra menor» dentro de la extensa producción literaria de Baroja, sitúa la acción de la segunda de sus tres partes en un Monleón a caballo entre el reinado de Alfonso XIII y la proclamación de la II República (1931). A este trasunto de Mondragón, con las «dos peñas puntiagudas que se divisan desde los extremos del pueblo» (Anboto y Udalatx), su «cerro de Santa Bárbara, asiento antiguamente de un poderoso castillo» y sus «más de mil obreros empleados en las fábricas», llega destinado un joven cura de nombre Javier Olaran, en progresiva crisis espiritual. Allí traba estrecha amistad con el médico doctor Basterreche, un alter ego del autor, descreído y polemista, que vierte sus opiniones críticas sobre la religión y el contexto político de la época.

La hipocresía del catolicismo español es uno de los blancos predilectos de esta novela en la que el cabildo parroquial de Monleón no sale bien parado. «El párroco era un poco pancista y no le gustaba meterse en los asuntos de pueblo. Según algunos, era un hombre sin fundamento»; de uno de sus coadjutores dice que «tenía cara de picador, muy morena. Según decían, se le iban los ojos detrás de las mujeres».

Adulterio, homosexualidad y otras pasiones ocultas y reprimidas afloran en el confesionario del joven sacerdote, que no tarda en afirmar que «algo huele a podrido en el pueblo».

El contrapunto a toda esa hipocresía lo constituyen personajes como Martín 'Shagua' (ratón, en euskera), un viejo baserritarra de melenas blancas, que vestía andrajos, dormía en una cama de hierba seca y encarna el paganismo ancestral vasco. A preguntas del cura, responde:

-¿Ya sabes quién es Jesucristo?

-Sí, el que está en el cielo. Como el sol. Sí, ya he oído hablar de él.

-¿Y la Virgen María?

-También está en el cielo. Como la luna.

-¿Sabes rezar?

-Poco.

-¿Sabes los mandamientos?

-No recuerdo.

-¿Tú crees que se puede matar a un hombre?

-¡A un hombre, no! Ni tampoco a un animal.

-¿No matáis a los animales para comer?

-Yo no.

-¿Pues de qué vivís?

-De la leche, de potaje, de huevos, de pan.

«Aquel hombre no tenía ninguna religión y era un bendito. ¡Qué contraste con algunos de los que se confesaban con él, tan llenos de malos instintos y tan conocedores de las máximas religiosas», escribió Baroja.

República y revolución

El cura Javier Olaran terminará engullido por la vorágine política que se desata en Monleón durante los primeros años de la II República (1931-1936). De sus coqueteos con los socialistas y con el nacionalismo, saldrá escaldado.

La novela de Pío Baroja describe fielmente el contexto de conflictividad social entre obreros y patronos en el que el cura «pensó en influir para que el encono se dulcificara». Pero la tentativa le explotaría en las manos con el estallido de la revolución social en octubre de 1934. Baroja dedica un capítulo a describir aquella sublevación socialistas que tuvo su epicentro en la casa del pueblo de Maalako Errabala, con el relato de las circunstancias del asesinato de dos de los patronos apresados allí. Y ese hecho, y un sermón de simpatías nacionalistas y pronunciado en euskera, acarrean su destitución por el obispo y su destino de castigo a un pueblito alavés.

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