Diario Vasco

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Las represalias desatadas por la guerra fratricida de 1936 tiñeron de sangre aquel otoño. Tres carlistas -Basilio Lasaga, Lino Mardáraz y Lucio de la Cruz- desaparecieron para siempre en septiembre de aquel año. El día 30 los tropas aplicaban la ley de fugas a Manuel Elorza y Cesáreo Ugalde. El primero había venido de Untzila a reparar un arado. Pero carecía de salvoconducto. Aginagalde le dejó el suyo, válido para bicicletas pero no para burros, como el que traía Elorza. Detenidos y liberados al día siguiente para que se fueran a Bergara, cuando se aproximaban al control de Legarre los soldados recibieron orden de disparar. Pero lo peor estaba por venir: más de 60 mondragoneses, curas y una mujer embarazada incluidos, serían fusilados ese otoño.