Diario Vasco

El día en que 'cayó' Mondragón

Renombramiento. Erdikokale, desde 1929 calle Arano, fue renombrada como calle del General Franco el 22 de diciembre de 1936.
Renombramiento. Erdikokale, desde 1929 calle Arano, fue renombrada como calle del General Franco el 22 de diciembre de 1936.
  • Mañana lunes 26 se conmemoran 80 años de la entrada de las tropas franquistas

Con la caída de Mondragón en manos de los 'nacionales', mañana hará 80 años, el general Emilio Mola culminaba la conquista de Gipuzkoa. Las operaciones militares se prolongaron mucho más de lo esperado por el 'director' de la sublevación iniciada el 18 de julio de 1936. La dura resistencia de las fuerzas leales a la república y la difícil orografía guipuzcoana entorpecieron los planes de Mola y de su ayudante el coronel Solchaga. Pero la superioridad táctica y armamentística de los sublevados acabaría arrollando a los inexpertos milicianos, y la ocupación de Mondragón el 26 de septiembre pondría término a dos meses de guerra en Gipuzkoa y abriría la puerta a las cruentas represalias que costarían la vida a sesenta vecinos durante aquel sangriento otoño.

Envolvimiento

El lunes 21 de septiembre de 1936 una peligrosa operación de envolvimiento se cernía sobre la villa cerrajera. Ese día las columnas 'nacionales' procedentes de Navarra consolidaban su avance por el valle del Urola y tomaban Elgoibar, por Azkarate, Antzuola, por Deskarga, y Oñati, por Udana.

Paralelamente, ese mismo lunes la guarnición de Vitoria que comanda el teniente coronel Camilo Alonso Vega emprendía su ofensiva por Arlaban. Sus tres columnas operativas no tardaron en desbordar las defensas desplegadas en la muga alavesa por los milicianos pobremente armados y escasamente amunicionados dirigidos por la Comisaría de Guerra de Mondragón que comandaba Celestino Uriarte.

Los militares sublevados ocupaban Leintz-Gatzaga al día siguiente. Eskoriatza caería el miércoles 23 y Aretxabaleta el jueves 24. Y por el camino, además de las numerosas bajas entre los combatientes de ambos bandos, quedarían los ocho primeros fusilados 'rojos', entre ellos tres camilleros y el herido que transportaban, capturados en la zona de Landeta (Marianistas).

Por Kurtzetxiki

Mondragón corría el peligro de quedar embolsada en una pinza formada por las columnas alavesas de Alonso Vega y las columnas navarras que se avanzaban remontando los ríos Deba y Oñati hacia San Prudencio.

Pero la puntilla para Mondragón vendría con la toma de la estratégica cima del monte Kurtzetxiki. El despliegue de baterías y ametralladoras desde Bedoña a Kurtzetziki desbarataría las defensas republicanas y precipitaría la desbandada de los milicianos por Kanpanzar hacia Bizkaia.

Las tropas de Alonso Vega hicieron su entrada en la villa cerrajera a las 16.30 horas del sábado 26 de septiembre «por el Arrabal de Magdalena y por la estación (del ferrocarril)». «Más del 60 por ciento» de la población había huido a Bizkaia, cifra Oktubre Taldea en su libro 'Arrasate 1936. Una generación cortada'. Pero entre los que se quedaron no faltaban los mondragoneses que recibieron a las tropas «con gran alborozo y volteo general de campanas» escribía José María Uranga, él mismo represaliado por su filiación carlista. Y fueron precisamente los tradicionalistas, que durante el 'dominio rojo' habían permanecido ocultos, quienes doblaron las campanas ante la negativa a hacerlo del párroco José Joaquín Arin. (Dos meses más tarde, este sacerdote y dos de sus coadjutores se contarían entre los fusilados en Oiartzun).

Bandera y hogueras

La revancha de los victoriosos franquistas no se hizo esperar, y como cuenta Oktubre Taldea, con la bandera rojigualda ondeando en el Portalón, a las 19.00 horas, en dos hogueras, la primera delante del salón republicano (encima del bar Monte) y la segunda en la plaza, «eran pasto de las llamas ikurriñas, banderas rojas y republicanas, retratos de Galán y Hernández, Pablo Iglesias y Sabino Arana, junto a libros y documentos».

En los días posteriores, escribe Uranga, se recuperaría el culto en la parroquia de San Juan Bautista, convertida en parque de material de guerra por los milicianos republicanos, y los franquistas reorganizaban la administración municipal designando una gestora presidida por José Añíbarro, a quien le sustituiría a los pocos días como nuevo alcalde Jesús Gorosábel Mendía.

La Unión Cerrajera reanudaría su actividad el 1 de octubre «con 200 obreros y el 5 llegaban a ser 400 (su plantilla era en julio de 1.140 trabajadores). Antes de la evacuación fueron volados los cubilotes de las fundición; llevaron a Bizkaia muchas máquinas e inutilizaron otras que eran de difícil traslado».