Diario Vasco

Los ferrones de Anporreta

Visita. La alcaldesa y el concejal de cultura con el arqueólogo Etxezarraga y miembros de AZE .
Visita. La alcaldesa y el concejal de cultura con el arqueólogo Etxezarraga y miembros de AZE . / OLIDEN
  • Arqueólogos y Arrasate Zientzia Elkartea desentierran una primitiva 'haizeola'

Muchas interrogantes y pocas respuestas rodean al descubrimiento esta semana de una antiquísima 'haizeola' en la ladera norte de Anporreta. Este horno de ferrería por aire es anterior a la tecnología hidráulica que se más tarde se implantaría en las numerosas ferrerías que poblaron el núcleo urbano de Mondragón. La fundación de la villa el 15 de mayo de 1260 traería consigo la progresiva migración de estas ferrerías de monte hacia el casco urbano. De hecho, el segundo documento más antiguo que se conserva corresponde a un edicto promulgado en agosto de 1262 por el rey Alfonso X El Sabio autorizaba a todos los ferrones a trasladar su actividad al casco urbano. Y como señalaba Javier Bengoa, presidente de Arrasate Zientzia Elkartea, dicho documento «menciona la existencia de ferrerías en la zona de Çaralia (Zara)». Esto es, no lejos del lugar donde el arqueólogo Josu Etxezarraga y los miembros de Arrasate Zientzia Elkartea acaban de desenterrar una 'haizeola' que podría datar de los siglos XII-XIII, según Etxezarraga, colaborador del equipo de arqueología del Museo de Minería del País Vasco con sede en Gallarta.

Pero este hallazgo podría ser solo el primero de al menos otras cinco 'haizeolas' más que José Ángel Barrutiabengoa y Javier Bengoa presumen que se esconden en las entrañas de este paraje. Los indicios de que Anporreta albergó en su día una pujante actividad ferrona saltan a la vista: la zona está atestada de escorias de fundición.

El cronista José María Uranga (1914-2005) dejó constancia escrita de la llamativa existencia de grandes depósitos y su sobrino José Ángel Barrutiabengoa junto con Javier Bengoa se emplearon en identificar los vestigios de aquellas primitivas 'haizeolas'.

Finalmente, el ojo experto de los arqueólogos Josu Etxezarraga y Xabier Alberdi, con la ayuda de un magnetómetro, ha dado con los restos de la 'haizeola' «mejor conservada de Gipuzkoa», en palabras del primero. Una apreciación que viene de boca de un arqueólogo que lleva más 15 años investigando las 'haizeolas' y que sólo en Gipuzkoa ha estudiado e inventariado 130 escoriales y más de 200 'haizeolas'.

En el caso de Anporreta, el horno de ferrería de aire desenterrado esta semana muestra una tipología que los expertos fechan en los siglos XII y XIII. Como en otros muchos casos, fue construido aprovechando una pequeña explanada con ligero talud. La 'haizeola' estaba formada por una cubeta hecha de arcilla y recubierta con piedra arenisca hasta formar un túmulo de 80-90 centímetros de alto y con una oquedad superior a modo de chimenea.

El carbón vegetal y el mineral de hierro se introducían por una boca lateral en la cubeta de arcilla que hacía de crisol. Con la ayuda de un fuelle y practicando un agujero o tobera que atravesaba el horno para mejorar la oxigenación, dentro de la cubeta de arcilla se alcanzaban temperaturas que rondaban los 1.500 grados centígrados, y se reducía el mineral de hierro hasta obtener la 'agoa', una mezcla de hierro, carbón y otras impurezas que se supone que se depuraba en otras ferrerías.

Pero el desconocimiento sobre las primitivas 'haizeolas' es tal que, como confesaba Etxezarraga, a día de hoy nadie sabe con precisión cómo funcionaban estos hornos. De hecho, pese a reiterados intentos y con todos los conocimientos científicos contemporáneos, nadie ha logrado reducir hierro empleando esta antiquísima tecnología.

Para conocer la antigüedad real de la 'haizeola' de Anporreta los investigadores han tomado muestras de carbón para someterlas a un análisis de carbono 14.

Restos similares de otros yacimientos de 'haizeolas' ha deparado dataciones que se remontan a los siglos VI y VIII. Más aún, añadía Etxezarraga, en Forua (Bizkaia), muestras de carbón extraídas de una prospección arqueológica han ido aún más atrás: a época romana, concretamente del siglo II, pero «aún no hemos hallado el horno» reconocía.

No solo pastores

Que en los montes vascos no solo había pastores y ganaderos es una evidencia. José Ángel Barrutiabengoa sostenía que la actividad ferrona en el entorno Mondragón se remonta a épocas pretéritas. En este sentido, el castro de la Edad de Hierro de Muru -casi un milenio antes de Cristo- podría aún deparar sorpresas si los arqueólogos que investigan este primitivo poblado cercado dan con los restos de algún tipo de horno de reducción de hierro.

Los investigadores barajan la hipótesis de que prendieran fogatas a la intemperie en las que se reducía el hierro a costa de un elevadísimo consumo de carbón para obtener muy poco mineral.

Las 'haizeolas' de monte como la de Anporreta, decía Etxazarraga, representan un salto tecnológico que hacía el proceso mucho más eficiente. Y aún lo serían más las ferrerías hidráulicas, pero la elevada inversión económica que requería una instalación como las que en su día poblaron la calle Olarte «no estaba alcance de cualquiera». De ahí que durante algunos siglos convivieran las dos tecnologías.

Pero para lo que nadie ha hallado una respuesta es para la pregunta de por qué emplazarían media docena de 'haizeolas' en la ladera norte de Anporreta. Un paraje donde no hay mineral de hierro, ni agua para el asentamiento humano. Con el mineral de hierro al otro lado de la pronunciada vaguada de Mietzerreka, en las entrañas de Udalatx, su transporte hasta las 'haizeolas' de Anporreta debía ser una pesadilla.

Algunas hipótesis apuntan a que quizá fue la producción de los carboneros en la zona o los designios de algún 'jauntxo' propietario de los terrenos y de las 'haizeolas' que se beneficiaba de algunas exenciones fiscales, los que dieron origen a la actividad ferrona que sembró de escoria las faldas del monte Anporreta.