Diario Vasco

Las historias detrás del callejero

Panorámica. Vista del casco urbano de Mondragón desde el cerro de Santa Bárbara en una fotografía antigua.
Panorámica. Vista del casco urbano de Mondragón desde el cerro de Santa Bárbara en una fotografía antigua. / DV
  • El nomenclátor recuerda a personajes insignes y casi olvidados que nacieron en la villa

Los personajes ilustres que pueblan nuestro callejero nos remiten a un pasado glorioso cuyo recuerdo ha quedado en muchos casos reducido a poco más que el nombre de un calle. Vías céntricas como las del Licenciado Otalora o el Doctor Báñez son un ejemplo del desconocimiento que rodea a la historia de notables, dignatarios, académicos, militares... que vieron la luz en Mondragón, y cuya destacada ejecutoria les hizo acreedores de un hueco en la Historia y de una calle en su localidad natal.

Todo el mundo conoce el nombre de la calle donde reside, pero muchos no han oído nunca que el Licenciado Miguel Ruiz de Otalora, uno de los jurisconsultos más destacado del siglo XVI, fallecido en Madrid en 1575 cuando la presidencia del Consejo de Indias, el órgano más importante de la administración de las colonias americanas y filipinas. Antes había sido regente del Consejo Real de Pamplona, interinamente virrey de Navarra, cargo que desempeñaba cuando recibió a la reina Isabel de Valois, esposa de Felipe II, de viaje a Francia en 1565.

Otalora fue asimismo presidente de México bajo mandato español.

Por otra parte, el doctor Fray Domingo Báñez, descendiente del poderoso linaje mondragonés de los Báñez de Artazubiaga, fue un gran teólogo y catedrático de la Universidad de Salamanca en la segunda mitad del siglo XVI. Como reseña José Letona, el doctor Báñez fue confesor de Santa Teresa de Jesús durante 8 años y está considerado el primer escritor de derecho público de España.

La calle del barrio de San Andrés dedicada al general José Garro de Artola rememora al destacado militar mondragonés que ocupó las capitanías generales de Buenos Aires (Argentina), Chile y Gipuzkoa, cargo que desempeñaba cuando falleció a los 80 años en 1702. Se halla enterrado en la iglesia de San Vicente de Donostia.

Garro contaba 15 años cuando se embarcó por primera vez rumbo a la Nueva España (colonias españolas con capital en México). Después de brillantes actuaciones regresó a España en 1648. Dos años después partía a Flandes donde por méritos de guerra obtuvo el ascenso a capitán. Combatió también en la Guerra de los Segadores de Cataluña, contra Portugal, donde sus numerosos actos de valentía le granjean la consideración de la reina-gobernadora María Ana de Austria, que le destina al regimiento de su guardia con la gratificación de 80 escudos al mes.

Más adelante, volvería a sobresalir con brillantes intervenciones en las guerras de Flandes y en las Indias.

Hombres doctos

Hombres doctos como José María Eguren, Martín de Jaureguibarría o el heraldista Juan Carlos guerra tienen asimismo sendas calles en su villa natal. Eguren fue durante muchos años inspector de primera enseñanza en Gipuzkoa y Araba. Es autor del 'Diccionario Manual o Vocabulario Vasco-Castellano. Método práctico para enseñar el castellano en las escuelas vascongadas'. Falleció en Vitoria en 1880.

Martín de Jaureguibarría fue catedrático de la Universidad de alcalá en 1628. Y sin duda, el más conocido por contemporáneo es el historiador y heraldista Juan Carlos Guerra (1860-1941).

En la galería de personajes históricos descuellan insignes marinos como el almirante Francisco de Esteibar, que tras combatir a piratas chinos e ingleses durante 25 años en las Filipinas, fallecía en Veracruz (México) en 1669. De los pleitos de la herencia se supo que fue uno de los hombre más opulentos y fastuosos de su época. En su casa hasta los esclavos comían en platos de plata «por no gastarse en ella otro metal que oro y plata», y, bienhechor espléndido, daba limosnas a los hospitales de 50.000 euros y, dejó al parecer considerables mandas en su pueblo natal pero no le dedicaron ninguna calle.