Diario Vasco

«Aquí no vienen frikis buscando pareja»

Las agencias matrimoniales, dicen, generan duraderas relaciones y sólidas historias de amor.
Las agencias matrimoniales, dicen, generan duraderas relaciones y sólidas historias de amor.
  • Las dos agencias matrimoniales que siguen operando en Vitoria reivindican su modelo de negocio, que sobrevive a las 'apps' y las webs de citas

El suelo del despacho está cubierto por una moqueta desgastada. En un extremo se apoya una estantería con archivadores monótonos: el resto del mobiliario se limita a unas sillas y un escritorio sobre el que descansan papeles y carpetas como de atrezzo. La decoración también es de lo más espartana. Una lámpara de pie, un viejo mapa de Europa, un jarrón con flores de plástico y una de esas bandejitas con caramelos intentan darle vida a una estancia anodina. Cuesta creer que allí se generen las duraderas relaciones y las sólidas historias de amor que promete la agencia matrimonial, una de las dos que operan en Vitoria en estos tiempos de aplicaciones y webs de citas. Pero el caso es que ahí siguen.

Quizás se antojen algo de otro tiempo, de cuando las historias de amor se revelaban en carretes de 36 (eso, en el caso de las largas) y se grababan en VHS, pero los responsables de estos negocios aseguran que la actividad sigue latiendo a pleno rendimiento en el sector de las citas concertadas en Vitoria. «Tenemos en nuestros ficheros a unas 2.000 personas y cada día recibimos, con cita previa, entre tres y cuatro nuevos clientes que buscan pareja», sostiene con convicción Matilde Sarabia, de la agencia Amistad y Pareja, con oficina en el corazón de Vitoria.

«Hay mucha gente que ha probado con las redes, con lo digital, con las aplicaciones y que se ha cansado de las mentiras», asegura la mujer, que presume de «discreción», «total confidencialidad» y «trato profesional» para diferenciar su negocio analógico del digital. «Yo, sin embargo, creo que Internet nos ha ayudado a salir del armario: hasta ahora, las agencias se veían como algo casposo, vivíamos como un estigma», razona Ángela San Martín, asesora de la firma francesa Unicis, que lleva 20 años operando en la capital alavesa.

San Martín -que se identifica como «coach profesional»- describe a su clientela como «gente proactiva que siente la necesidad de mejorar su vida, convencidos de que en pareja se está mejor». «Aquí no vienen frikis buscando a alguien, ni esto es el último recurso de nadie», defiende. Según sus datos, entre los que reclaman sus servicios, se encuentran personas «de 25 a 85 años, de un nivel socieconómico y cultural medio-alto»; una horquilla de edad que la agencia Amistad y Pareja reduce a «entre 38 y los 80 años». «Es cierto que los primeros en emparejarse son los jubilados: son los que tienen más tiempo para conocerse», concede su responsable.

Hasta que llega ese momento, el de la primera cita -sin Sobera, pero con las mismas incertidumbres: ¿Será gracioso?, ¿le olerá el aliento?, ¿estará buena?-, pasa todo un proceso, muy similar en ambas agencias, y que incluye una entrevista y un exhaustivo test personal con el que se realizan los emparejamientos. «Los perfiles nunca encajan al 100%, pero eso de que 'los polos opuestos se atraen' es una frase hecha, siempre se buscan personas compatibles», explica Matilde Sarabia. Una vez que se han encontrado dos almas que apuntan a gemelas, son las agencias las que se ponen en contacto con los clientes para proponerles una cita. Tendrán que fiarse de las descripciones de sus celestinas: en ningún caso se muestran fotos. «Trabajamos con otros valores, el físico influye, claro está, pero no es lo más importante», apunta Sarabia. «La gente, lo que pide es sinceridad», anota San Martín.

Franqueza

La franqueza es, precisamente, la baza principal con la que juegan las responsables de las agencias matrimoniales para desmarcarse de Internet: como si en sus dosieres habitaran hombres y mujeres nacidos en un mundo perfecto en el que nadie miente. Jamás. «Damos sinceridad y eso no se encuentra en Internet, allí hay mucho contacto rápido, mucho sexo, pero todo es vacío», destaca la asesora de Unicis. «Todos nuestros perfiles están comprobados, son gente fiable», abundala trabajadora de Amistad y Pareja.

Ninguna de las dos firmas que operan en la actualidad en Vitoria quisieron hablar de qué precio cobran a su clientela para disfrutar de sus servicios. «No nos gusta hablar de dinero en un asunto tan profundo como es encontrar pareja», apunta, contrariada, una de ellas. «Hay distintas tarifas, solo puedo decir que todo el mundo tiene derecho a encontrar a alguien, que el dinero no es un problema», resuelve a otra, que se cierra en banda a ofrecer, si quiera, una cifra aproximada.

Si se les pregunta por si es más difícil encontrar pareja por estos lares que en otros sitios, se abren opiniones enfrentadas entre las responsables de las dos agencias. «Es verdad que, en la calle, no es fácil, la gente quizás es algo fría, por eso hay tantos que recurren a nosotros», reconoce Matilde Sarabia. «En absoluto, Vitoria es muy abierta», defiende Ángela San Martín, que presume de tener una tasa de éxito «de más de un 75%». Para que luego digan que en Euskadi no se... liga.

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