Diario Vasco

Otaza, víctima del Aeropuerto de Foronda

El pueblo de Otaza antes de su demolición.
El pueblo de Otaza antes de su demolición. / EDUARDO ARGOTE
  • En noviembre de 1979 la pequeña aldea de Otaza fue demolida porque se hallaba en el área de influencia del aeródromo vitoriano

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Un suplemento de La Gaceta del Norte sobre el aeropuerto de Vitoria dedicaba una de sus páginas al recuerdo de Otaza, Entonces el progreso se asociaba a una fatalidad para los vecinos afectados. Y los medios de comunicación no recogían como hoy el sentimiento y la impotencia de los residentes. La crónica habla, sin embargo, «de la incontenible tristeza» de los tres vecinos que se quedaron hasta el final. Ese sufrimiento, ese trauma porque se echaba a familias que llevaban muchas generaciones en el mismo lugar, fue una de las facturas, posiblemente la más importante que se llevó la construcción del aeropuerto.

A finales de octubre de 1979, una crónica recogía que «aunque no hay acuerdo con algunos vecinos se han reanudado las obras de demolición del pueblo de Otaza». El artículo iba acompañado de una imagen con la iglesia medio derribada y algunos camiones y vehículos. En la crónica, uno de los vecinos «que aún residen en sus casa informaba que no sabía cuándo tendrá que irse, ni se le había señalado fecha». «Esto significa -subraya la crónica- que el trámite de expropiación forzosa por el procedimiento de urgencia aún estaba en trámites». No hubo acuerdo con los propietarios, aunque si con el Obispado para el derribo de la iglesia.

Los trabajos de demolición acabaron el 2 de noviembre de 1979. Cuatro casas de labranza, una iglesia y una granja con 400 cerdos y 23 vacas cayeron bajo la acción de las piquetas y máquinas para dejar libre el acceso a la cabecera de la pista principal del aeropuerto de Vitoria. Los planes para su desaparición se habían diseñado cinco años antes. Otaza contaba con todos los servicios, agua corriente, electrificación, asfaltado, teléfono y alumbrado.

En 1970, como consecuencia del desarrollo económico de la región, la Cámara de Comercio e Industria de Álava solicitó la intervención de la Diputación Foral para establecer líneas regulares que unan Vitoria con las principales ciudades españolas y europeas. Los primeros análisis que se realizan ponen de manifiesto la imposibilidad de utilizar el aeropuerto existente, el de Salburua que aún tenía el nombre de General Mola. Se inicia así una serie de estudios que concluyen que la mejor solución económica y técnica son unos terrenos en la localidad de Foronda, en la llanada alavesa. En el verano de 1972 se aprueba la construcción del nuevo aeródromo.

Anteriormente, se habían estudiado terrenos en Salvatierra, Zurbano, Ciriano, Ullibarri Arrazua, Arzubiaga-Arbulo y Foronda. Tras diversos estudios, Foronda fue la opción elegida. El nombramiento de Manuel María Lejarreta como presidente de la Diputación fue decisivo para impulsar el nuevo aeropuerto.

En 1976, la subsecretaría de Aviación Civil aprobó la primera fase del aeropuerto, que suponía la construcción de una pista de vuelo de 2200 por 45 metros, la instalación de un sistema ILS categoría II, un VASIS, un medidor de alcance visual en pista (RVR) y un medidor de altura de nubes. La pista se ampliará posteriormente a 3000 metros y más tarde, a la actual medida de 3500m de largo. En 1978 se inicia la contratación del edificio contra incendios, instalaciones de la torre de control, urbanización y accesos.

La expropiación

La situación de Otaza a 370 metros de la cabecera de pista del aeródromo condenó a la aldea. De los 26 vecinos que vivían en 1974, al final solamente tres familias, dos de ellas dedicadas a las faenas del campo, resistieron al final. Tres familias con cinco niños. Vendieron sus pertenencias, recibieron un indemnización con la que nunca estuvieron de acuerdo e iniciaron una nueva vida en Vitoria.

«Donde actualmente se encuentran las luces de aproximación al aeropuerto se levantaban las casas de Otaza. Un pueblo para el recuerdo. La memoria que debe perdurar entre todos aquellos que lo conocieron», decía la crónica de la Gaceta.

Eran cuatro casas, una iglesia y una granja, ¿quién se acuerda de Otaza?

Para la ejecución del aeropuerto de Foronda la Diputación diseñó un plan de expropiaciones de 4,5 millones de metros cuadrados. 450 hectáreas de excelente tierra de aluvión enriquecida por las riadas del Zaia y del Zadorra. 224 fincas de agricultores de Antezana, Aranguiz, Foronda, Guereña, Lopidana, Mendiguren, Estarrona y el propio Otaz

El tesorillo de Otaza

En abril de 1980 durante un paseo por los terrenos que iba a ocupar el aeropuerto, para cuya instalación se había demolido el pueblo de Otaza, la familia de Rosa Álvarez Navarro descubrió casualmente una vasija rota con numerosas monedas en su interior y en los alrededores. El hallazgo se hizo en las inmediaciones de la iglesia de San Emeterio y San Celedonio.

Se trataba de 5.034 monedas de vellón. Seis correspondían al reinado de Alfonso I de Aragón, acuñadas en Toledo, monarca que gobernó entre los años 1109 y 1126, perteneciendo las demás a Alfonso VIII que reinó entre 1158 y 1214. El estudio numismático fue realizado por Elisa García Retes e Iñaki San Vicente.

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