Markiegi lleva 75 años de moda

Años 50. José Markiegi en su sastrería con un cliente y acompañado de su hijo José Ramón./
Años 50. José Markiegi en su sastrería con un cliente y acompañado de su hijo José Ramón.

El angiozartarra José Markiegi vino de Eibar para fundar su sastrería en el año 1940. Su hijo menor Jorge continúa al frente del comercio de ropa masculina junto con su hermana Marina

KEPA OLIDEN

Nació en Angiozar, vino de Eibar y se hizo mondragonés. El sastre José Markiegi (1913-1991) supo ganarse el corazón de sus paisanos de adopción con su buen hacer profesional, una distinguida elegancia y con una desbordante simpatía que sin duda ha heredado su hijo Jorge, continuador de este negocio familiar fundado hace 75 años.

José Markiegi Gaztelu arribó a Mondragón el 2 de enero de 1940, superviviente de las filas del bando perdedor de una guerra de la que «no hablaba mucho», dice su hijo menor Jorge.

Matanzas como la que presenció en la Batalla del Ebro, con más de 20.000 combatientes muertos de julio a noviembre de 1938, y en la que José participó con no sin antes escribir una carta de despedida a sus padres Félix y Catalina, son recuerdos que muchos preferirían enterrar en los más hondo de la memoria. Pero fue precisamente en la guerra donde trabó amistad con un compañero natural de Mondragón. Juanito Iraola le convenció para que se estableciera en Arrasate, donde hacía falta un sastre.

José Markiegi, que había aprendido el oficio en Eibar y Vitoria, le tomó la palabra, y se plantó en la villa cerrajera. El 2 de enero de 1940 inauguraba su sastrería en el actual local de la peluquería Eslu, en la calle Olarte, entonces Toribio Agirre.

A los pocos años, el joven sastre venido de Eibar se mudaba a otro local sito en el número 2 de la misma calle, donde aún hoy continúa.

Markiegi alquiló la antigua tienda de globo, sita en los bajos de un elegante edificio construido en 1932 por la familia Arregi. Los hermanos Joaquín, María, Rosario y Juanita Arregi contrataron los servicios de una arquitecto de San Sebastián para demoler su antiguo caserío familiar, muy conocido en la localidad por tratarse de una sidrería que frecuentaban muchos mondragoneses.

Con motivo de la boda de María Arregi, en 1932, inauguraron este edificio cuyas 4 plantas se repartieron entre los hermanos. En el sótano conservaron el lagar con su prensa, con la que continuaron elaborando sidra para consumo propio hasta 1949, año en que toda la maquinaria fue adquirida por los residentes en el caserío eskoriatzarra de Aingueruguarda.

La maestra de Angiozar

Pero volviendo al protagonista de este tema, José Markiegi había nacido en Angiozar. Era el tercero de los cuatro hijos de la maestra de Angiozar, Catalina Gaztelu, y del maestro armero Félix Markiegi, ambos oriundos de Ubera. La familia se afincó en Eibar cuando José contaba 12 años. Y allí creció José aprendiendo el oficio de sastre junto con su hermano mayor Paco.

Tras el paréntesis de la guerra, Paco emprendió su andadura profesional inaugurando una sastrería en al villa armera, y José, siguiendo el consejo de Iraola, se estableció en Mondragón.

Tras vivir los primeros años de patrona, José fundaría su propia familia contrayendo matrimonio en 1945 con Lola Areitioaurtena, una joven eibarresa diez años más joven que él.

Aquel noviazgo 'a distancia' entre Arrasate y Eibar no era ningún obstáculo para un esforzado ciclista como José, que no dudaba en pedalear hasta la villa armera para ver a Lola.

La bicicleta, cuenta su hijo Jorge, era el medio de transporte que su padre empleó durante años en su actividad profesional. «Cuando acudía a casa de los clientes para probar los trajes y tomar las medidas, lo hacía en bicicleta y llevaba las prendas bien dobladas y sujetas con pulpos sobre la barra». Así iba a todos los caseríos y pueblos de los alrededores, incluidos algunos de Araba, como Legutio, a donde iba con su bici subiendo Salinas porque entonces aún no se había construido la carretera nueva de Arlaban.

Años después se compraría una vespa, a medida que prosperaba el negocio. La tradición dictaba que por Semana Santa o primavera los hombres estrenaran un traje, y eran fechas de trabajo ininterrumpido para Markiegi. Decía su hijo que por entonces no era raro que «tuviera el encargo de entregar cientos trajes por primavera». Este volumen de trabajo era más que para uno, y por eso José contaba con el auxilio de varios pieceros, camiseras, pantaloneras...

Viudo con 5 hijos

Pero la vida tampoco fue fácil para José Markiegi. Su esposa murió tempranamente a los 43 años, en 1966, y José quedó viudo con 5 hijos: Mari Carmen, Arrate, José Ramón, Marina y Jorge. La ayuda de las hijas mayores fue determinante para sacar a la familia y al negocio adelante.

La confección de ropa a medida desapareció con la jubilación de José. Su hijo menor Jorge se hizo cargo de la tienda en 1983 y en 1991, tras el fallecimiento del padre, se incorporó también Marina. Las prendas de confección dejaron paso a una amplia oferta de prendas para hombre, desde vaqueros a trajes completos, que se ahora se denomina 'casual wear' de las más modernas marcas.

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