Diario Vasco

San Sebastián, 14 feb (EFE).- La Fiscalía y la acusación particular han mantenido hoy sus peticiones de once años de cárcel para un hombre acusado de abusar sexualmente de la hija de su compañera sentimental (cuando la chica tenía 17 años), a la que él había adoptado cuando la menor tenía 3 años.

Durante el juicio de este caso, celebrado esta mañana en la Sección Primera de la Audiencia de Gipuzkoa, la defensa ha negado las imputaciones, ha mantenido la inocencia de su patrocinado, que en la actualidad tiene 61 años, y ha reclamado su libre absolución.

Según el escrito de acusación provisional de la Fiscalía, los hechos enjuiciados se habrían producido en 2004 en el domicilio familiar, situado en una localidad de la comarca de Oarsoaldea, en el que el acusado convivía con la víctima y la madre de ésta.

El texto del Ministerio Público precisa que, en una fecha indeterminada de aquel año, el acusado presuntamente coaccionó a su hija adoptiva para que, "a pesar de la contumaz resistencia" de la víctima, ésta se desnudara, y le permitiera practicarle diferentes tocamientos en la zona genital.

Al día siguiente a este incidente, el procesado habría pedido a la joven que le masturbara, "cediendo finalmente ésta en su oposición".

En la vista celebrada esta mañana, la víctima ha testificado por videoconferencia interna para no exponerse a la vista de su presunto agresor, al que durante toda la declaración se ha referido como su padre.

La chica, que ahora tiene 31 años, ha descrito el contexto en el que se produjeron estos hechos, después de haber padecido problemas de acoso escolar por parte de un grupo de amigas que la "golpeaban" y "humillaban" lo que le provocaba "crisis de ansiedad".

Entre sollozos la joven ha recordado también que después fue víctima de un intento de violación por parte de un vecino, lo que le provocó una situación de "miedo", aunque nunca llegó a denunciar ninguno de estos sucesos.

Tras esta tentativa de agresión sexual por parte de un vecino, su padre, del que ha dicho que solía ponerse violento cuando bebía porque tenía "problemas" con el alcohol, la coaccionó para que accediera a las continuas proposiciones que le hizo "durante meses", cuando su madre no estaba en el domicilio, con el pretexto de que pretendía quitarle el "miedo al sexo" que padecía porque era "por su bien" y no iba a hacerle "daño".

Por aquella época, su hermano mayor fue a residir un tiempo con la familia, un hecho que coincidió con el fin del acoso al que le sometía su padre, aunque no se atrevió a denunciar lo sucedido por "miedo" hasta que sus progenitores se separaron y le contó lo ocurrido a su madre.

La víctima ha precisado que aún hoy en día sigue tratamiento psicológico por estos hechos porque tiene miedo a distintas situaciones y continúa medicándose.

Por su parte, la madre ha corroborado la versión de su hija y ha aclarado que no sospechó lo ocurrido hasta que se lo relató su hija porque pensaba que el procesado le tenía el "cariño" de un padre, aunque ha recordado que cuando bebía "no razonaba" y se encerraba con la niña en su habitación durante "un montón de tiempo" a pesar de que la pequeña no quería y ella la escuchaba llorar.

También ha explicado que, en una ocasión, tuvo que tirar los "juguetes sexuales" que tenían en casa, porque su marido insistía a la joven para que los usara.

El procesado ha rechazado que abusara de su hija y ha insinuado que la víctima podría haberle denunciado por resentimiento, ya que él se oponía a una relación sentimental que la chica había iniciado con un hombre mucho mayor que ella y en una ocasión, en la que uno de los dos hermanos de la afectada acudió a vivir con ellos lo denunció a las autoridades porque se había fugado de prisión. El juicio ha quedado hoy visto para sentencia.