Diario Vasco

San Sebastián, 11 nov (EFE).- Un estudio científico ha demostrado que las personas están menos influenciadas por las emociones, y por tanto piensan "con más frialdad", cuando usan una lengua extranjera, mientras que son "más propensas" a guiarse por ellas, es decir, son más emotivas, en el idioma materno.

Esto es lo que ha concluido el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) de San Sebastián, en un trabajo de investigación desarrollado en colaboración con la Universidad Pompeu Fabra y que ha sido publicado recientemente en la revista científica Journal of Experimental Psychology.

Según ha informado hoy el BCBL en un comunicado, las conclusiones obtenidas son fruto de un experimento realizado con 126 castellanohablantes con alto nivel de inglés, cuyos resultados fueron contrastados y equiparables a los practicados con nativos ingleses.

Tras ser sometidos a diversas pruebas con estímulos dotados de diferente carga emocional, los científicos han descubierto "una clara disparidad" en las respuestas que ofrecían en función de si empleaban su idioma materno u otra que dominaban.

"Nuestra conclusión es que existe una estrecha relación entre cada lengua, el contexto en el que se ha aprendido y el procesamiento de las emociones", ha explicado el investigador del BCBL Jon Andoni Duñabeuitia, quien ha añadido que "el estudio demuestra mediante respuestas emocionales 'automáticas' que somos más emotivos en nuestra lengua que en otra".

El estudio del BCBL parte de investigaciones que consideran que el entorno en el que se aprende un idioma impone una mayor o menor distancia emocional al usarla.

Esto es porque las lenguas nativas se adquieren generalmente "en contextos emocionalmente ricos", como el seno familiar, mientras que las extranjeras suelen aprenderse en entornos escolares o académicos "con menor carga emocional" y, en consecuencia, investigadores han defendido la existencia de "un desapego emocional asociado" a las lenguas foráneas.

El estudio del BCBL ha analizado si esa distancia lingüística y emocional tenía tanta importancia como para manifestarse incluso en etapas automáticas del procesamiento de las emociones y ha concluido que sí, que las acciones de las personas "están menos influenciadas por las emociones" si usan un idioma no materno.