Diario Vasco

Zaragoza, 14 jun (EFE).- La Exposición Internacional de Zaragoza miró al futuro antes incluso de su inauguración. Desde el primer momento, su reconversión en un parque empresarial formó parte de este gran proyecto que cambió la ciudad para siempre y que ahora cumple diez años con el 75 % de sus instalaciones ocupadas.

En total, 26 empresas privadas y 15 públicas tienen su sede en el recinto, que acoge también la Ciudad de la Justicia, y que, después de unos primeros años "difíciles", atrae a nuevas empresas, tanto que en los últimos años la comercialización del espacio se ha acelerado.

Este año se han firmado ocho operaciones y se han arrendado 3.300 metros, lo que eleva la superficie comercializada en esta legislatura a 12.000 metros cuadrados, sin tener en cuenta operaciones pendientes de firmar, que existen.

El gerente de Zaragoza Expo Empresarial, Francisco de la Fuente, afirma a Efe que esta "velocidad" les ha llevado a adoptar nuevas medidas, como la reconversión en oficinas de los edificios Ebro 2, 3, 4 y 5, actualmente sin acondicionar.

"Estamos actualizando estos proyectos constructivos, porque a este ritmo, si no lo hacemos, nos quedaremos sin espacio en un año y medio o dos", comenta De la Fuente, quien prevé cerrar 2018 con nuevos alquileres por encima de los 6.000 metros cuadrados en total.

"Nosotros confiamos en que esta revalorización del parque continúe; es un éxito que se ha acelerado", subraya.

Sin embargo, otros edificios emblemáticos de la Expo continúan esperando esa "segunda vida", una espera que se ha prolongado una década. Son quizás los más llamativos, los que identifican de alguna forma la silueta de lo que fue la muestra internacional de 2008, como el pabellón Puente o la Torre del Agua.

Esta última, propiedad de Zaragoza Expo Empresarial (una empresa pública participada al 98 % por el Gobierno de Aragón y al 2 % por el Ayuntamiento de Zaragoza), lleva diez años cerrada. Sólo ha acogido dos eventos importantes: un congreso de cardiología y la presentación del Golf 7 de Volskwagen. Eso sí, su imponente fachada ha aparecido en no pocos anuncios de televisión.

Sin embargo, su apertura al público podría producirse más "temprano" que tarde. De hecho, según confirma De la Fuente, hay una empresa privada interesada en su gestión que está estudiando la viabilidad del proyecto.

Quizá el gran olvidado del recinto sea el Pabellón de España, aquel que iba a acoger el Instituto de Investigación de Cambio Climático, como anunció en su día la entonces vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega.

Este edificio depende del Gobierno de España, en concreto de Patrimonio Nacional. Pero en estos años no han respondido a las propuestas enviadas por Zaragoza Expo Empresarial. "Vamos a ver si somos capaces de ponerlo en valor, con el cambio de gobierno", indica De la Fuente.

El Pabellón Puente, cuya gestión depende de Ibercaja, es otra de las instalaciones que no han seguido los planes iniciales. En un primer momento, la entidad financiera preveía convertirlo en un museo orientado a las nuevas tecnologías con exposiciones de carácter internacional.

La fecha de apertura era abril de 2012, pero desde entonces ha albergado exposiciones temporales y se ha abierto al público sólo durante los meses de verano.

Ahora bien, la luz de su reconversión ya se ve al final del túnel, y es una luz intensa porque el nuevo proyecto para esta obra de la arquitecta Zaha Hadid, uno de los emblemas de la ciudad, comenzará a fraguarse el próximo lunes.

"Ciudad de la Movilidad" es el nombre que albergará un plan en el que el sector de la automoción, tan potente en Aragón, será motor y protagonista.

En cambio, el pabellón de Aragón, que permanece cerrado a cal y canto, no parece tener un futuro a corto plazo. Desde el Gobierno autonómico aseguran que existe voluntad, si bien se están estudiando la viabilidad y los costes de su acondicionamiento interior.

Frente a estos edificios, hay otros que sí funcionan y que son ejemplos de la post-expo: el Acuario fluvial de Zaragoza y el Palacio de Congresos, que acoge un evento cada semana.

Así las cosas, para Juan Ibáñez, presidente de la Asociación Legado Expo, que ha trabajado durante años para no perder todo lo que la muestra aportó a la ciudad, afirma que la post-expo funciona "adecuadamente", pero "necesita mejorar". Ante los más críticos, defiende que se han hecho muchas cosas, aunque, reconoce, es inevitable que la mirada se vaya hacia los edificios más emblemáticos.

"Pero el legado de Expo no son sólo los edificios; es la zona empresarial, es el parque del agua, el acondicionamiento de las riberas, los nuevos viales...", concluye.

En resumen, una ciudad nueva.