Diario Vasco

Londres, 14 jun (EFE).- Entre el sueño y el hambre, la comunidad musulmana londinense se prepara para el fin del Ramadán, la fiesta de la ruptura del ayuno conocida como "Eid al-Fitr", que se celebrará el sábado y que terminará con el mes sagrado de privación.

La Comunidad Ahmadía de Londres se ha reunido todas las noches a la caída del sol desde el 17 de mayo, inicio del Ramadán, en la mezquita de Fazl, en el barrio de Southfields, al suroeste de la capital británica.

El templo es el primero que se construyó en la ciudad en 1924 y, como dijo Hazik Rahman a Efe, uno de los integrantes del colectivo, "es más viejo que la reina", en referencia a Isabel II, que el pasado fin de semana cumplió 92 años.

A medida que el atardecer empieza a colorear el cielo de Londres, decenas de fieles acuden como voluntarios para cocinar y organizar el acto de ruptura del ayuno, el "iftar".

En dos carpas segregadas, una acondicionada para los hombres y otra para las mujeres, los encargados entregan bandejas con los alimentos y la bebida minutos antes de que los altavoces anuncien la puesta de sol.

Dos dátiles, una samosa -empanadilla triangular con vegetales cocidos- y dos pedazos de pollo aderezados con especias picantes componen el aperitivo que precede a las oraciones, conocidas con el nombre de "tarauih".

Todo esto acompañado con café, agua o agua de rosas, que es una bebida de invención musulmana, cuyo sabor recuerda al té frío.

Tras este acto los hombres y mujeres continúan divididos y, mientras los primeros se congregan dentro del templo, ellas se desplazan a uno contiguo para comenzar con los rezos.

Los varones se disponen en hileras mirando hacia La Meca, por detrás del califa de la Comunidad Ahmadía, Hazrat Mirza Masroor Ahmad.

El líder es el encargado de guiar los espíritus de los fieles ahmadías en todo el mundo y este es el quinto en ostentar el cargo desde la creación del colectivo en la India, en 1889, y el primero en ser elegido por un colegio electoral conformado por los altos cargos.

Entre las labores que debe desempeñar, se encuentra el cuidado de su comunidad con viajes alrededor del mundo para conocer a los devotos y atender sus plegarias, así como responder a las 1.500 cartas que recibe cada día, una tarea para la que cuenta con un equipo de ayudantes.

"Es un trabajo que ocupa todos los días de la semana y del que no se puede dimitir. Hay que estar hasta la muerte", indicó Rahman, quien agregó que no cambiaría su labor de banquero por el del califa.

Una vez acabado el rezo, que se marca mirando a derecha e izquierda y dura unos diez minutos, la gente se retira para cenar.

Banquetes opíparos o convites más austeros en los que priman el pollo, el picante, el cordero y postres típicos, como el Halwa Gajjar, un pudín indio hecho a base de zanahoria, mantequilla, cardamomo y azúcar.

Cuando el hambre es saciado, los fieles regresan al lugar sagrado para continuar con las oraciones, un ritual que repetirán una vez más antes de la salida del sol y en otras tres ocasiones a lo largo del día, durante el ayuno.

"Niños, enfermos o mujeres embarazadas están exentos de realizarlo (el Ramadán), es un acto voluntario", añadió Rahman.

Los más devotos practican el "I'tikaf" y permanecen enclaustrados en la "Masjid" -mezquita- durante los últimos diez días del Ramadán, que finalizará el próximo 16 de junio.

Varones y féminas se recluyen, por separado, en unos cubículos blancos donde pueden llevar un colchón, almohadas, ropa, una lámpara y libros, ya que el objetivo final es un recogimiento total para una meditación espiritual.