Diario Vasco

Yaundé, 13 jun (EFE).- El activista anglófono y presidente del Centro para la Democracia y los Derechos Humanos de África (CHRDA), Agbor Balla, aseguró hoy que al menos 3.000 civiles han muerto en Camerún en el conflicto entre grupos armados de las dos regiones independentistas de habla inglesa con el Gobierno y el Ejército.

En una entrevista telefónica con Efe, Balla dijo que los civiles "son asesinados por las Fuerzas Armadas", y explicó que los grupos armados independentistas están "mal organizados" y se centran en atacar a militares y docentes, así como, en casos excepcionales, a líderes locales sospechosos de colaborar con el Gobierno central.

La crisis, agregó el activista citando datos de la ONU, "ha resultado en la huida de más de 50.000 civiles a la vecina Nigeria", de los que unos 35.000 están en el estado de Cross River y 15.000, en Benue, ambos fronterizos con Camerún.

En clave interna, al menos unas 20.000 personas se han visto obligadas a desplazarse, según un "informe completo" que Balla prometió publicar en los próximos días, ya que el Ejecutivo no divulga estos datos.

Balla asegura que la única cifra real ofrecida por el Gobierno es que unos 40 soldados y agentes de la Policía han sido asesinados por los rebeldes.

Estas declaraciones llegan un día después de la publicación de un informe de Amnistía Internacional (AI) en el que se acusa tanto a los grupos rebeldes como al Ejército camerunés de llevar a cabo torturas y asesinatos.

Camerún fue colonia británica y francesa hasta 1960, cuando se independizó de ambas potencias e instauró un Estado federal hasta la celebración de un referéndum en 1972, que lo unificó.

Desde entonces, el inglés y el francés son idiomas cooficiales y conviven junto a unas 250 lenguas locales.

Sin embargo, la minoría anglófona se queja de marginación ante la mayoría francófona en materia de distribución de la riqueza y de que el inglés se considera una lengua secundaria, por lo que reclaman volver al federalismo o la independencia de sus regiones.

El Gobierno camerunés, dirigido por el presidente Paul Biya desde 1982 (aunque ya gobernó como primer ministro desde 1975), se muestra inamovible frente a estas demandas e incluso se niega a debatirlas en órganos legislativos, lo que ha provocado fuertes quejas de la oposición y una radicalización de los independentistas.