Diario Vasco

Roma, 13 jun (EFE).- El ministro del Interior italiano y líder de la ultraderechista Liga, Matteo Salvini, pidió hoy acción a la Unión Europea ante el fenómeno migratorio "o que calle para siempre", y apostó por un eje con Alemania y Austria para revisar las reglas.

"Si existe Europa, que se haga oír ya o que calle para siempre", exigió el también vicepresidente del Gobierno italiano durante su comparecencia en el Senado, tras prohibir el atraque del buque "Aquarius" con 630 migrantes a bordo, que ya se dirige a España.

Salvini repasó los hechos entre el domingo y el martes, cuando el barco viajó a España tras el rechazo de Italia y Malta, e indicó que su país "no puede ser el único que se ocupa" de la inmigración y "se hace cargo de los costes económicos y sociales que supone".

Reiteró su deseo de cambiar la política migratoria de la UE, consideró que, tras el episodio con el "Aquarius", Italia lejos de estar aislada "nunca ha sido tan central y escuchada como ahora" y señaló que ha hablado con diversos colegas comunitarios.

Entre ellos citó al ministro alemán del Interior, Horst Seehofer, con quien coincidió en "el hecho de que urge volver a razonar sobre las fronteras externas italianas como confines europeos", explicó.

"Hay una atención sin precedentes y compete a nosotros jugar las cartas proponiendo, y no solo de forma negativa", defendió, para después apostar por el fin del denostado Reglamento de Dublín, que establece las normas para el reparto de inmigrantes en la UE.

Para eso avanzó que se propondrá "una iniciativa sobre el frente interno y externo" de la inmigración coincidiendo con la presidencia de Austria en el Consejo de la UE desde el próximo 1 de julio, y expresó su confianza de hacerlo con sus colegas en Berlín y Viena.

Reconoció que tras el episodio del "Aquarius" ha soportado "un peso notable", pero reivindicó que su objetivo "es salvar vidas".

"Hacer que los niños puedan crecer de la mejor manera posible sin escapar de sus pueblos y ciudades, sin subir a pateras que criminales del negocio del tráfico de seres humanos hacen partir ya desinfladas porque alguien irá a salvar a estos desgraciados", declaró.

Salvini informó de que solo desembarcarán en Italia los inmigrantes rescatados por su Marina, pues es hora de que el "Estado vuelva a ser Estado", y rechazó que "organizaciones privadas financiadas por quién sabe quién impongan los tiempos y modos de la inmigración".

El ministro, que dijo ser donante de sangre y órganos y partidario de "todo tipo de voluntariado", expresó sus dudas cuando "la espontaneidad de toda esta generosidad" es financiada por la Open Society Foundations del magnate George Soros.

Al respecto del caso "Aquarius", Salvini dijo que "Italia no acepta lecciones de solidaridad y de humanidad de nadie" y agradeció "a los amigos españoles su buen corazón" por acoger el barco humanitario de la ONG francesa SOS Méditerranée y Médicos Sin Fronteras (MSF).

Sin embargo, recordó que el Gobierno español de "Pedro Sánchez tiene amplio margen para ejercitar su solidaridad en las próximas semanas" ya que, agregó, "solo cuenta con cerca de 16.000 demandantes de asilo, mientras que en Italia hay 170.000".

Y exigió al presidente francés, Emmanuel Macron, una disculpa después de que denunciara el "cinismo" y la "irresponsabilidad" del Gobierno de Italia en la gestión de la crisis del "Aquarius", lo que ha derivado en un conato de crisis diplomática entre ambos países.

Mientras Salvini hablaba ante el Senado, el "Aquarius", manzana de la discordia entre Malta e Italia, procedía su travesía hacia el puerto español de Valencia (este), escoltado por dos naves de la Marina italiana, que se han repartido a los 630 migrantes.

La ONG SOS Méditerranée informó en su cuenta de Twitter de que ha hecho una parada breve en la localidad siciliana de Mazzarra (sur) para recoger suministros para el viaje, que se prevé que dure cuatro días, por lo que llegaría al litoral español el próximo sábado.

A bordo del "Aquarius" viajan 106 migrantes -51 mujeres, 45 hombres y 10 niños- que, aunque cansados después de superar "mucha tensión", hoy "están un poquito más tranquilos", indicó uno de los doctores de MSF que les acompañan a bordo, David Beversluis.

El barco prosigue su ruta hasta España de 1.300 kilómetros con "olas que están empeorando", por lo que la gente "está sufriendo mareos y náuseas" y veinte pacientes de la nave presentan "quemaduras químicas, pero todos están estables", señaló el médico.

Pero es general la satisfacción por no tener que regresar al país del que zarparon, Libia, donde "se producen situaciones terribles, las mujeres son violadas, los hombres son torturados y la gente está en condiciones de esclavitud", consideró Beversluis.