Diario Vasco

Teherán, 13 jun (EFE).- Irán e Israel tienen varios frentes abiertos, en el tema de las armas nucleares y en el conflicto de Siria, que alimentan cada vez con más frecuencia una "guerra psicológica" bilateral de resultado impredecible.

La última ofensiva de Israel fue la reciente gira de su primer ministro, Benjamín Netanyahu, por los países europeos firmantes del acuerdo nuclear de 2015 con Irán -Francia, Alemania y Reino Unido- para intentar convencerlos de la amenaza iraní en Oriente Medio.

El Gobierno iraní, por su parte, optó hasta ahora por desmentir las acusaciones y minimizar la influencia de las acciones de Netanyahu, pero se encuentra en una situación delicada tras la salida de EEUU del pacto nuclear en mayo pasado.

"El infanticida primer ministro del régimen sionista visita Europa para hacerse la víctima, esgrimiendo que Irán quiere eliminar a su población. Los europeos escuchan, asienten y rechazan decir que Israel está cometiendo crímenes en Gaza y Jerusalén", criticó esta semana el líder supremo de Irán, Ali Jameneí.

Netanyahu aseguró en París que "la mayor amenaza para el mundo es que haya armas nucleares en manos de un régimen radical islamista como el iraní", y apuntó que "ahora es el momento de aplicar la máxima presión" sobre ese país.

En Berlín y ante la canciller, Angela Merkel, insistió en que es "bastante extraordinario" que Irán siga buscando "la destrucción" de Israel y acusó a Teherán de querer forma unas milicias chiíes de hasta 80.000 miembros y llevar a cabo "una nueva guerra religiosa" en la región.

La preocupación por la influencia iraní en la zona y por sus programas de misiles balísticos, así como las dudas sobre sus intenciones nucleares, fueron los principales argumentos del presidente estadounidense, Donald Trump, para abandonar el pacto nuclear, una decisión aplaudida por Tel Aviv.

Europa, entre la espada y la pared, sigue abogando por mantener el acuerdo de 2015, como reiteraron en sus reuniones con Netanyahu tanto Merkel como el presidente francés, Emmanuel Macron, y la primera ministra británica, Theresa May, pero reconoce los citados peligros.

"El acuerdo (nuclear) no es suficiente, pero es mejor que lo que teníamos antes", aseveró Macron, quien invitó a todas las partes a "no ceder ante una escalada de la tensión que solo llevaría al conflicto".

Sobre la gira, el portavoz iraní de Asuntos Exteriores, Bahram Qasemí, calificó de "fracaso" el objetivo de Netanyahu de "convencer a esos tres gobiernos para que sigan a EEUU y cambien su visión" respecto al pacto nuclear, que Europa está intentando salvar buscando fórmulas para contrarrestar las sanciones estadounidenses.

"Lamentablemente lo que existe es la guerra psicológica que crea el régimen ocupante de Jerusalén (Israel) que permanentemente y con vanas acusaciones intenta continuar su acción contra la República Islámica", respondió el portavoz preguntado por Efe en su rueda de prensa de esta semana.

Además de las citadas acusaciones, Tel Aviv responsabilizó el mes pasado a Irán de disparar desde Siria misiles contra territorio israelí, una acción negada por Teherán, lo que desencadenó un gran ataque israelí en el país árabe.

El Gobierno israelí denuncia también que Irán dispone de bases en Siria, donde apoya al régimen de Bachar al Asad y al grupo chií libanés Hizbulá con asesores militares.

"Israel mantiene y seguirá manteniendo su libertad de acción contra la concentración militar iraní en cualquier área de Siria", advirtió Netanyahu antes de viajar a Europa.

Al respecto, el portavoz de Exteriores iraní dijo en una reciente entrevista con Efe que Irán no tiene bases en Siria y que se trata solo de "mentiras y de guerra psicológica" por parte de Israel.

"No creo que estemos avanzando hacia una guerra o confrontación con Israel", señaló Qasemí pese a la escalada de la tensión, añadiendo que el "enfado" de Tel Aviv se debe a que Al Asad es más fuerte ahora que hace unos años gracias a la ayuda de Irán.

A todo esto se suma la incertidumbre creada por informaciones sobre un acuerdo entre Rusia e Israel para limitar la presencia iraní en el sur de Siria, confirmado por el embajador ruso ante la ONU, y descartado por fuentes israelíes.

En este sentido, el destacado general iraní Masud Yazayerí aseguró que la presencia iraní en Siria "no va a cambiar" y que las fuertes relaciones entre Teherán y Damasco "no se verán influidas por esas medidas de propaganda" que, no obstante, mantienen en vilo a la región.