Diario Vasco

Basilea , 13 jun .- Las galerías latinoamericanas tienen que hacer un gran esfuerzo económico y personal para poder participar en ferias de arte como Art Basel, la más importante del sector, pero este sacrificio es recompensado por la exposición y los contactos que entablan.

"Es verdad que es muy caro para las galerías ir a las ferias, pero es mucho más cómodo para los coleccionistas, y nosotros tenemos la oportunidad de encontrar a gente importante que de otra manera no encontraríamos", afirmó en entrevista con Efe Thiago Gomide de la galería brasileña Bergamin & Gomide.

"Porque el problema actualmente es atraer a las personas a la galería porque las personas están sin tiempo, yo siento que hay mucha menos gente en la galería cada día, entonces no queda más remedio que ir a las ferias, porque si no vas a las ferias eres invisible", enfatizó el marchante, que tras tres años viniendo a Art Basel por fin en esta edición tiene stand propio.

La cuadragésima novena edición de Art Basel abrió sus puertas el martes en Basilea para invitados de la feria - potenciales compradores, coleccionistas, marchantes, expertos de prestigio o patrocinadores- y el jueves se abrirá al público en general en un evento que durará hasta el domingo.

La feria comienza con entusiasmo y optimismo porque las cifras no podrían ser más halagüeñas: 4.000 artistas expuestos, 290 galerías presentes de 35 países distintos, el evento en plena expansión internacional, atención mediática mundial, centenas de ricos coleccionistas, y un mercado en expansión.

Sin embargo, el debate entorno al rol de las ferias y si es un modelo sostenible para las galerías está muy presente.

"Es un esfuerzo que a veces sale bien y otras no tanto pero que vale la pena", subraya Gomide, una opinión que comparte su compatriota Alexandre Roesler, de la galería Nara Roesler.

"Dejar de ir a las ferias si tienes posibilidad, no se puede hacer. Todas las de Art Basel son importantes y hay que ir porque dan resultado. Nosotros vamos a las tres Art Basel", afirma Roesler, en referencia a las tres ediciones de la marca en Basilea, Miami y Hong Kong.

"Nosotros vamos a entre diez y doce ferias. Todos los años decimos que vamos a reducir el número, pero no lo conseguimos, no todas dan resultado positivo, sobre todo cuando vas a un lugar nuevo, porque lleva tiempo establecer la relación de confianza entre la galería y el coleccionista, pero es importante estar", reflexiona Roesler.

Ambos marchantes provienen de un país, Brasil, con una larga y profusa tradición de coleccionismo de arte, y donde existe un gran mercado y, además, sus galerías están bien asentadas.

El caso de la galería colombiana Casas Riegner es distinto, porque si bien su empresa funciona muy bien, el mercado de donde proviene no tiene comparación con el del gigante brasileño.

"Nosotros somos una galería colombiana donde el mercado del arte es muy pequeño y muy limitado por lo que las ferias son supremamente importantes. Para nosotros las ferias significan el acceso a unos clientes extranjeros muy buenos", aseguró Paula Bossa, directora internacional de Casas Riegner.

En debate público se ha centrado que dado el costo económico de ir a una feria, éstas se están convirtiendo en lugares hiper elitistas en los que sólo van las grandes galerías que exponen a un cierto y reducido número de artistas.

Es por ello que el marchante alemán David Zwirner propuso recientemente que las grandes galerías pagasen más por sus espacios que las pequeñas para asegurar una mayor democratización y una representación real del mundo del arte.

Se calcula que los costes solo de pagar sólo por los metros cuadrados ocupados en una de las ediciones de Art Basel cuestan entre 50.000 y 70.000 dólares.

"Estoy de acuerdo con la sugerencia de David. Creo que esto es lo correcto porque queremos atraer a los jóvenes", asumió Gomide.

"Las galerías pequeñas están sufriendo mucho porque realmente es muy caro participar en las ferias, por eso creo que la propuesta de David es interesante. Realmente una galería grande vende una obra y paga la feria, y una pequeña tiene que vender el stand entero para equilibrar las cuentas", sostuvo por su parte Roesler.

Dicho todo esto, los tres marchantes estuvieron de acuerdo que están proliferando demasiadas ferias y que, de hecho, a excepción de cinco o seis que son realmente globales, el resto son "locales o regionales" porque los compradores son locales y acaban comprando arte local.

"En Brasil las galerías tradicionales venden más que las galerías internacionales más potentes, pro eso pasa en la mayoría de las ferias de tamaño medio. Por ello es tan importante seleccionar donde quieres estar presente", reflexiona Roesler.

"Las ferias de Brasil son muy buenas para las galerías locales pero no lo son tanto para las de fuera, porque no es tan fácil. A mi ya me parece bien que haya cinco o seis ferias globales y el resto ferias locales", concluye Gomide.