Diario Vasco

Saná, 13 jun (EFE).- En el patio de la Gran Mezquita en el casco antiguo de Saná, catorce niñas se sientan junto a tres niños en una estera alrededor de su profesor, Mohamed Ali al Tayer, quien se apoya en una silla y señala con un palo unas palabras del Corán escritas en una pizarra.

De vez en cuando, el profesor elige con el palo a una de las chicas, gesto que le lleva a la señalada a ponerse de pie y a comenzar de inmediato a pronunciar las letras y luego palabras enteras, mientras el resto de los alumnos repite detrás de ella como si fuera una melodía.

Luego el profesor escribe un versículo del Corán, señala a otra chica para que se ponga de pie y comience a pronunciar el texto sagrado, con detenimiento en cada fonema, antes de leerlo completamente.

De este modo, los profesores aprovechan del mes sagrado del ramadán para revivir la actividad de las "katatib", las escuelas que enseñan árabe de forma tradicional, usando como fuente el libro sagrado para los musulmanes, y que prácticamente habían desaparecido en el Yemen.

Estas escuelas coránicas han vivido un declive en el último medio siglo por la adopción de un sistema educativo moderno, pero en estos años, estos centros se han propagado en las mezquitas del casco antiguo de Saná durante el ramadán.

Los yemeníes acuden a las "katatib" para leer el corán y ahora, a pesar de la guerra, animan a sus hijos en este mes sagrado para que refuercen su capacidad lectora.

Al Tayer dice a Efe que ha aprovechado el ramadán durante siete años para enseñar a los menores de edad la ortografía correcta y la pronunciación de las letras y palabras en árabe.

"Las escuelas coránicas han estado extintas durante 50 años, estamos tratando de revivirlas", comenta.

Según el maestro, el niño necesita "solo un mes" para aprender a leer en árabe clásico, registro que se usa en la literatura y en la prensa, pero no en la calle, donde en cada país se usa una variedad propia de árabe coloquial.

Hani al Sawadi, un funcionario que inscribió a sus dos hijas en las clases, asegura que en una semana notó una mejoría en la destreza en la lectura de las niñas.

"Hay gran diferencia entre el estudio del árabe en el sistema educativo moderno y las escuelas coránicas, donde se enseñaba el idioma árabe en gran profundidad", asevera Al Sawadi a Efe mientras observa con orgullo a sus hijas.

Munir al Matari, uno de los visitantes de la Gran Mezquita, puntualiza que el método usado en las "katatib" fomenta la pronunciación correcta y la articulación precisa de cada letra, lo que contribuye a que "los niños tengan dominio de la lengua".

"Este método les ayuda a aprender a leer el corán y si pueden leer el corán, cualquier otra lectura será más simple para ellos", apunta.

Los adultos que no han aprendido de esta manera, sino con técnicas más modernas, "no pueden leer el Corán, necesitan un arduo trabajo para hacerlo", dice.

Las familias en Saná nunca habían estado interesadas en enviar a sus hijas a esas escuelas coránicas para aprender a leer, pero ahora, la mayoría de las que asisten a las clases son mujeres.

De hecho, el Yemen es uno de los países árabes con una tasa de analfabetismo más alta, lo que afecta principalmente a las mujeres.

La tasa de analfabetismo alcanza al 65 % de las mujeres, frente al 27 % de los hombres, según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) referentes a 2010, antes de que comenzara la guerra.

Las escuelas coránicas suponían el nivel de educación primaria durante el régimen del imamato, que fue derrocado por una revolución en 1962, que dio paso al establecimiento de una república en el Yemen del Norte.

Los gobiernos sucesivos después de la revolución ignoraron este método tradicional y lo dejaron desaparecer en medio de la feroz competencia con las escuelas modernas, que se expandieron por todo el país.

Sin embargo, el idioma árabe no recibe tanta dedicación en esos centros como en las antiguas escuelas coránicas, según se quejan los profesores y los padres que acuden a ellas.

En el pasado, el papel de esas escuelas no se limitaba a la enseñanza de la lectura, sino que también contribuía a inculcar disciplina y fomentar la preparación de los niños antes de que accedieran a la escuela.