Diario Vasco

Trípoli, 16 may (EFE).- La organización humanitaria Médicos sin Fronteras (MSF) denunció hoy que existe un elevado número de migrantes y refugiados en cárceles clandestinas en Libia y que la tortura y el secuestro son una práctica generalizada que, lejos de disminuir, "va en aumento".

En un comunicado remitido a Efe, el jefe de la misión de MSF en Libia, Christophe Biteau, advirtió, igualmente, de que la distinción entre las redes clandestinas dedicadas al tráfico de personas y los servicios oficiales de guardacostas, a los que financia la Unión Europea, no es siempre clara.

"No tenemos forma de decir cuántas personas están recluidas en cárceles clandestinas, pero el secuestro de migrantes y refugiados, además del uso de la tortura para obtener rescates, no solo es una práctica muy generalizada, probablemente está en aumento", subrayó Biteau.

"Reemplaza los ingresos de las economías locales impactadas por la falta de efectivo en los bancos libios. Quienes sobreviven a las cárceles clandestinas terminan arruinados financiera, física y mentalmente y necesitan tiempo y apoyo para recuperarse, en caso de que sea posible para ellos", agregó.

Al hilo de este argumento, el cooperante crítico la política de la UE de favorecer la acción y los rescates de la Guardia Costera libia vinculada al Gobierno sostenido por la ONU en Trípoli, que en muchas ocasiones está formada por antiguos contrabandistas.

"Debo decir que la distinción entre las redes oficiales y clandestinas no siempre es tan clara. Todo es posible. Alguien que regresa desde el mar a Libia puede terminar rápidamente en las garras de los traficantes de personas y la tortura puede comenzar de nuevo", advirtió.

"La mayoría de las más de 50.000 personas registradas por ACNUR en Libia provienen de Siria y han estado en el país desde hace un tiempo, pero hay muchos más refugiados y solicitantes de asilo que pasan por Libia y permanecen fuera de radar", afirmó.

"Ellos se encuentran entre los que son secuestrados, encerrados y, en ocasiones, asesinados. Es difícil estimar cuántos son, pero de acuerdo con algunos observadores hay 700.000 migrantes, refugiados y solicitantes de asilo" en Libia, calculó.

Biteau, que trabaja desde hace un año en Libia en la región de Bani Walid y en los centros de detención en Khoms y Misrata, advirtió, igualmente, contra "la doble cara" de la política de repatriaciones voluntarias.

"Es un avance positivo, cuando permite que las personas que realmente quieren regresar a sus hogares y se encuentren atrapadas en Libia puedan hacerlo", afirmó.

"Pero debemos cuestionar la naturaleza voluntaria de (algunas de) estas repatriaciones dadas las detenciones arbitrarias, que no dejan otra alternativa a las personas", remarcó.

A este respecto, recordó que "para muchas personas, ser enviadas de regreso al país de donde vinieron no es una opción y las redes criminales son su única opción para poder encontrar refugio y una vida mejor en Europa".

"Estas redes, que Europa dice estar desmantelando, tienen el monopolio sobre la organización de movimientos de personas muy vulnerables que no tienen otra alternativa. Hacer todo lo posible para retener o devolver a Libia a las personas que intentan huir solo conduce a un sufrimiento aún mayor", alertó.

En este punto, Biteau insistió en que sobre el terreno, ni los migrantes, ni los libios ni las pocas ONG que trabajan en el interior de Libia perciben que se esté haciendo algo "para poner fin al calvario que sufren los migrantes y los refugiados, especialmente fuera de los centros de detención oficiales".

"Las personas que arriesgan sus vidas cruzando el Mediterráneo en su intento por abandonar Libia siguen siendo llevadas de vuelta, con la ayuda de los Estados europeos, a un país donde se encuentran expuestos a todo tipo de violencia", remarcó.