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Granada, 17 abr (EFE).- Una investigación de la Universidad de Granada ha demostrado que la exposición crónica a metales de las personas que viven cerca de minas aumenta el riesgo de padecer cálculos biliares pigmentarios, piedras que han servido de biomarcadores para comprobar los efectos de la contaminación.

El estudio, liderado desde la Universidad de Granada por Annika Parviainen, científica contratada del Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra (UGR-CSIC), ha demostrado que las personas que viven cerca de zonas con actividad minera asociada al metal tienen un mayor riesgo de formar cálculos pigmentarios, una enfermedad que provoca biomineralizaciones en la vesícula.

La investigación, en la que han participado la Universidad de Huelva, el CSIC y el hospital de Riotinto, ha utilizado los cálculos como biomarcadores para determinar los efectos de la contaminación y la exposición a restos de metales pesados que sufren las personas que habitan las zonas mineras.

Ha comparado muestras de cálculos biliares de un grupo de estudio formado por pacientes residentes en pueblos mineros onubenses, en los que la gente vive a escasos metros de las minas a cielo abierto, y de un grupo de control del norte de la provincia de Granada.

"Las biomineralizaciones de los cálculos biliares en nuestro cuerpo funcionan como registros que acumulan metales que en este caso pueden ser utilizados como trazadores de la exposición crónica a dichos metales que ciertas personas sufren", ha dicho Parviainen.

El trabajo ha demostrado que los pacientes del grupo de estudio tienen un mayor riesgo de formar cálculos pigmentarios, un tipo de cálculo especialmente enriquecido en metales y arsénico, y en los que se han identificado restos asociados a la actividad minera.

"La exposición a metales se atribuye a inhalación, ingestión y contacto con la piel y por lo tanto, las principales vías de exposición son las partículas en suspensión en el aire, suelos contaminados, agua y alimentos cultivados en suelos también contaminados", ha subrayado la investigadora principal.

Según los científicos, la provincia de Huelva funciona como un laboratorio natural para este tipo de estudios, ya que se divide en dos zonas muy diferentes desde el punto de vista geológico y ambiental.