Diario Vasco

París, 17 abr (EFE).- El escritor peruano Alfredo Pita, autor de la novela "El rincón de los muertos" -que acaba de salir a la venta en Francia-, insiste en la necesidad de "aproximarse a la raíz del drama" causado por el conflicto armado de los años 80 y 90 para entender "el trauma que dejó en la sociedad".

Para quien ejerció como periodista durante la mayor parte de su vida, la única forma de explicar la complejidad del dramático conflicto peruano era "escribir una novela sin didactismo y sin pedagogía", explicó en una entrevista con Efe.

Instalado en París desde hace 30 años, Pita dejó el país que lo vio nacer tras haber cubierto la matanza de Uchuraccay (región de Ayacucho, sur del país) del 6 de enero de 1983.

Ocho periodistas de medios nacionales y su guía fueron asesinados por comuneros que les acusaron de pertenecer a la organización terrorista de tendencia ideológica maoísta Sendero Luminoso (SL).

Fue tanta la conmoción que causó el caso que el Gobierno de Fernando Belaúnde (1980-1985) conformó una comisión investigadora presidida por Mario Vargas Llosa, que en su informe final concluyó que los campesinos eran los únicos responsables, algo que siempre han rechazado los familiares de las víctimas, que sostienen que hubo militares "infiltrados" que azuzaron el linchamiento.

El conflicto causó la muerte de 69.000 personas desde 1980 hasta 2000, según el informe final de esta Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) que se presentó en 2003.

"Mi vocación y mi empeño siempre han sido entender lo mío, es decir, la sociedad peruana en su conjunto, y a la vez contarla", confiesa.

Añade que la guerra contra Sendero Luminoso había sido muy traumática y que cuando se alejó del país se dio cuenta de que había "acumulado mucho material" pero que "muchas cosas se habían quedado en sus "notas", en su "memoria" y en su "reflexión".

"Tenía la sensación de que había que darle forma, no quería hacer un libro de historia y el resultado fue esta obra literaria", explica.

"Ayacucho", título de la versión francesa de la novela que ha editado ahora la casa Metallié, sigue los pasos de Vicente Blanco, un reportero español decidido a acercarse al origen del enfrentamiento e informar de los hechos acontecidos en la ciudad de ese mismo nombre.

"Abandoné la idea de buscar un narrador peruano ya que el tema y las diferentes situaciones me obligan a establecer un didactismo que mataba a la historia", declara Pita para justificar la elección de un protagonista español.

"Ocurre que en mi región (Cajamarca) no se habla quechua, lo que resulta ser un ingrediente esencial no solo para poder entender sino también expresar el drama humano que sucedió en Ayacucho", continúa.

Así, surgió la necesidad de un narrador con "una conciencia virgen con respecto al Perú; alguien formado y preparado para acercarse a entender la realidad peruana".

Considerado como uno de los conflictos más sangrientos de la historia del país andino, la guerra afectó a una gran mayoría de indígenas, sobre todo campesinos, quechua-hablantes y población pobre de zonas rurales.

"El asesinato en masa de indios, la franja de la población despreciada y por lo tanto negada a todos sus derechos, no es un fenómeno exclusivamente peruano puesto que se ha dado en otros lugares de América Latina como Guatemala, donde se ha reproducido", afirma.

Además de la crueldad de Sendero Luminoso, la novela ilustra la violencia de una guerra sucia en la que se vieron involucradas las fuerzas militares del Estado.

"La violencia era menos evidente pero mucho más eficaz", indica Pita para explicar el aterrador juego de espejos que sirve como denuncia de las actuaciones de ambos bandos.

"La locura senderista actuaba en nombre de la justicia para construir un supuesto mundo nuevo mientras que la violencia del ejército carecía de discurso que la articulase", añade.

Pita recuerda que las fuerzas protegidas por el "establishment" intervenían siempre "conservando las formas", como por ejemplo, "a escondidas".

Esta "negación del otro" y "la facilidad con la que se mataba" le llevaron a instaurar vínculos con "la Guerra Civil española y la represión franquista".

Pese a todo, Pita expresa su "empeño de darle razones a la esperanza" gracias a "la persistencia de algunos personajes de la novela en su comunión con la vida y su adhesión a valores como la amistad y su fe en la humanidad".