Diario Vasco

París, 15 abr (EFE).- El París Saint-Germain se proclamó ets domingo campeón de Francia por quinta vez desde que en 2011 un fondo soberano catarí se hiciera con el club, un título que sabe a poco dadas las elevadas ambiciones que habían creado los fichajes de temporada.

La llegada del brasileño Neymar y del francés Kylian Mbappé elevaron de forma importante las expectativas generadas por el PSG, en particular en Europa, donde el objetivo era, como mínimo, alcanzar las semifinales.

Pero el equipo que por segunda temporada entrena el español Unai Emery se estrelló en octavos de final con estrépito contra el ganador de las dos últimas ediciones de la competición, el Real Madrid.

Ese fracaso nubla todos los éxitos. Como ya habían avisado a principios de temporada los propietarios cataríes, los títulos nacionales no compensan los tropiezos continentales.

Al PSG, que también ganó por quinto año consecutivo la Copa de la Liga y que todavía puede sumar el título de la Copa de Francia por cuarta vez seguida, esta liga, la séptima en la historia del club, no le anestesia el dolor de Europa.

La diferencia de presupuesto con sus rivales nacionales es tal que nada justifica que no se ganara el título. Emery, que el año pasado sumó dos de los tres trofeos domésticos, mejora su participación, pero el borrón europeo amenaza con poner fin a su etapa al frente del PSG.

Ya le sucedió a su antecesor, el exseleccionador francés Laurent Blanc, que se cansó de ganar títulos en su país, pero que no sació el hambre europeo de los dueños del club.

Desde Doha se dictó su destitución por sorpresa para dar un nuevo rumbo al equipo. Salió el sueco Zlatan Ibrahimovic, que había encarnado mejor que nadie el crecimiento del PSG y sus límites en Europa.

Para el banquillo eligieron a un técnico que venía con la vitola de haber ganado tres veces de forma consecutiva la Liga Europa con el Sevilla, lo que parecía una garantía para hacer crecer al equipo fuera de las fronteras francesas.

Su primer año no fue concluyente. El técnico vasco vio como el Mónaco le arrebataba el título de liga mientras que en la Liga de Campeones el PSG fue sometido a la mayor humillación que se recuerda en la historia del fútbol: la remontada del Barcelona.

El club francés, que ganó 4-0 en el Parque de los Príncipes, claudicó 6-1 en el Camp Nou en octavos de final.

Pese a ello, Doha mantuvo la confianza en Emery y, para evitar que se repitiera ese accidente, reforzó al equipo con dos estrellas de renombre y futuro.

Pagó 222 millones al Barcelona por Neymar, lo que multiplicaba por dos el mayor precio pagado hasta entonces por un futbolista y, por si fuera poco, desembolsó otros 180 millones por Mbappé. Una inversión que, por un lado, puso en peligro el equilibrio financiero de sus cuentas que exige la UEFA y, por otro, elevó al PSG a una nueva dimensión.

Pero no evitó un nuevo fracaso europeo, esta vez contra el Madrid, muy superior durante la eliminatoria, que el PSG afrontó sin Neymar, lesionado, y muy desdibujado, sin alma, sin aspecto de poder destronar al campeón.

La liga, la primera de Emery, no borra ese recuerdo. En Francia todo el mundo da por hecho que el técnico español abandonará el cargo y ya ha comenzado la ristra de candidatos para sustituirle, encabezada por el alemán Thomas Tuchel.