Diario Vasco

Moscú, 14 mar (EFE).- El líder ruso, Vladímir Putin, en el poder desde hace 18 años, tiene la victoria garantizada en las elecciones presidenciales de este domingo, y tras dejar claro que mantendrá en los próximos seis años el mismo rumbo para el país, la única pregunta es si ese mandato será el último.

"Nunca he reformado la Constitución, y menos aún en mi propio beneficio. Y, a día de hoy, sigo sin tener esos planes", dijo Putin el pasado fin de semana en una entrevista.

Aunque Putin insistió en que no piensa reformar la Constitución -que prohíbe encadenar más de dos mandatos consecutivos- algunos expertos consideran que las elites política y económica le presionarán para que siga al timón después de 2024, a fin de garantizar la supervivencia del sistema que ha creado.

Las encuestas no dejan lugar a dudas: después de 18 años en el poder el jefe del Kremlin recibirá entre un 60 y un 70 % de apoyo en las urnas, en las que se enfrenta a siete candidatos sin posibilidades reales de hacerle sombra.

Los comicios fueron convocados para el 18 de marzo, coincidiendo con el cuarto aniversario de la anexión de Crimea, un acontecimiento que seguirá marcando la política exterior de Rusia, como poco mientras Putin siga al frente del país.

Pese a todas las sanciones internacionales, el presidente ruso volvió a dejar claro el pasado fin de semana que nunca revertirá su decisión de anexionar la península ucraniana.

¿Os habéis vuelto locos? No hay ni habrá nunca ninguna circunstancia" por la que Crimea podría volver a ser Ucrania, dijo en un documental publicado en la popular red social rusa OK.

Su reciente discurso sobre el estado de la nación -donde presentó a bombo y platillo una nueva generación de armas nucleares y se dirigió en tono amenazante a Estados Unidos y la OTAN- confirma que la política exterior del Kremlin no va a cambiar.

Y quizás para probar que no se trata de un farol, a solo una semana de las elecciones, Rusia informó del ensayo del nuevo misil hipersónico "Kinzhal", capaz de burlar el escudo antimisiles de EEUU, una de las armas anunciadas por Putin.

Ahí seguirán también el conflicto en el este de Ucrania, el respaldo de Moscú a las fuerzas populistas de Occidente (que alimentan las acusaciones sobre su injerencia en procesos electorales), y como consecuencia, las sanciones económicas que lastran cualquier intento de que Rusia levante cabeza.

El jefe del Kremlin no ha hecho apenas campaña, porque su victoria electoral se da por descontado: las últimas encuestas le otorgan en torno al 69 por ciento de los votos, según los últimos datos publicados por el Centro de Estudios de la Opinión Pública de Rusia (VTSIOM, en sus siglas en ruso).

Putin no ha querido participar en debates televisados con otros candidatos, y el mitin-concierto del pasado 3 de marzo en el estadio Luzhnikí (Moscú), en el que se dio un baño de multitudes ante más de 100.000 personas, ha sido su único gran acto de campaña, aunque también ha buscado asegurarse el voto en fábricas y empresas en distintas ciudades del país.

Así las cosas, todo el esfuerzo de la maquinaria propagandística del Kremlin está dirigida a garantizar una alta participación que legitime unas elecciones sin intriga.

Todos los canales de la televisión rusa, públicos y privados, bombardean a los espectadores con elaborados anuncios que llaman a la población a votar, con el mensaje de que hacerlo es fundamental para salvaguardar el futuro del país.

En cuanto al programa electoral, una "Rusia fuerte" es la principal promesa de Putin, en un país donde la abrumadora mayoría se resigna a sufrir la pobreza, a apretarse cada vez más el cinturón con tal de creer en que su patria es respetada y temida en el extranjero.

En su controvertido discurso ante las dos cámaras del Parlamento, que fue en realidad el anuncio de su programa electoral, el líder del Kremlin reconoció que Rusia es un país "atrasado", con 30 millones de pobres y que sufre un "rezago tecnológico", lo cual puede resultar "fatal" para su futuro.

Por ello, Putin promete "brillantes victorias" a su pueblo, que incluyen reducir a la mitad el número de pobres y superar el retraso tecnológico a lo largo de su nuevo mandato de seis años.