Diario Vasco

Ávila, 14 mar (EFE).- El magistrado del Tribunal Supremo, Antonio Salas, ha considerado hoy que si Ana Julia Quezada, de 43 años, mató a Gabriel Cruz, de 8, como ha confesado, el suceso puede considerarse un asesinato, por alevosía, ante una "desproporción" física "tan importante" entre autor y víctima.

Salas ha realizado estas declaraciones a los periodistas minutos antes de asistir a la inauguración de la Jornada Homicidas Múltiples Secuenciales, organizada por el Máster en Criminología Aplicada e Investigación Policial de la Universidad Católica de Ávila (UCAV), en colaboración con la Escuela Nacional de Policía de Ávila.

Respecto a la muerte de Gabriel Cruz, supuestamente cometida por Ana Julia Quezada en Rodalquilar (Almería), el magistrado se ha referido a la dificultad para pronunciarse sobre si se trata de un asesinato o un homicidio.

No obstante, ha precisado que "cuando existe una desproporción de fuerza física tan importante entre el autor y la víctima, cabe hablar de alevosía y la alevosía... el homicidio lo convierte en asesinato".

"Por sí mismo, ya lo convierte en asesinato", ha comentado Antonio Salas, para añadir que su opinión es que, "en principio, debe pensarse que sea un asesinato, pero no tengo los datos para poder asegurarlo".

Respecto a si el juez o la jueza que instruya el caso puede sentirse condicionado por el interés y la sensibilidad que ha despertado este caso, Salas ha negado esa posibilidad, sobre todo cuando "parece que hay una confesión por parte de la autora".

Por otra parte, ha subrayado la trascendencia que en este tipo de supuestos tiene "la colaboración entre justicia y policía", con el objetivo de que en el momento del juicio estén todas las actuaciones realizadas.

Asimismo, el magistrado del Supremo ha hecho especial hincapié en lo "fundamentales" que resultan los primeros días tras la detención, para la investigación de este tipo de sucesos, ya que después "se puede tergiversar y emborronar todo".

En este sentido, ha comentado que, en el caso de la muerte de Gabriel Cruz, la investigación se está llevando "muy bien", gracias al "magnífico trabajo y la dedicación encomiable" de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

En este seminario también ha participado José Luis Martín Ovejero, abogado, experto y profesor en comunicación no verbal, que se ha referido a este caso y más concretamente al comportamiento "extraño" de Ana Julia Quezada.

Al respecto, ha hecho referencia al contacto físico que solía tener con "las personas de su entorno, teóricamente para consolarlas", si bien ha llamado la atención acerca de que la única a la que no llegó a consolar fue a Patricia, la madre de Gabriel, ya que, a su juicio, era "a la que más podía temer".

Igual de llamativo le ha parecido el comportamiento de la detenida con su pareja y padre del pequeño, al que "más que consolarle, parecía controlarle".

"Le vestía subiéndole la cremallera de los abrigos. Cuando le abrazaba le cogía de la cabeza y no era un abrazo de consuelo, sino de auténtico control. Es que le apretaba la cabeza con las dos manos. Resultaba verdaderamente extraño, parece más una posesión que una pareja", ha opinado.