Diario Vasco

Nairobi, 13 mar (EFE).- El número de etíopes que ha llegado en los últimos días a Kenia buscando refugio asciende a unos 8.200, y "cada hora llegan más", informó hoy la coordinadora de la Cruz Roja keniana en el noreste del país, Talaso Chucha, en declaraciones recogidas por el diario Daily Nation.

La llegada de etíopes, que son asistidos en centros cercanos a la frontera entre ambos países, comenzó el sábado por la noche tras una serie de sucesos violentos y protestas constantes en la zona sur de Etiopía.

Los testimonios de refugiados recogidos por el Daily Nation hablan de redadas contra casas particulares y mezquitas en las que los soldados abatieron a al menos 13 personas.

El último parte de la Cruz Roja, emitido ayer, informaba de unos 5.000 refugiados.

Sin embargo, los números ofrecidos por la organización podrían no ser precisos debido a que muchos de los etíopes que llegan están siendo ayudados por familiares y amigos que tienen en Kenia.

La mayoría de estas personas se concentran en la ciudad fronteriza de Moyale y la zona de Sololo, en el norte de Kenia.

"No hay comida, agua potable ni alojamiento. Aunque no se ha detectado ningún caso por ahora, no podemos descartar un brote de cólera si no se hace frente a la situación", apuntó Chucha.

La Cruz Roja keniana ha ofrecido ayuda humanitaria y ha enviado a 15 paramédicos para ayudar a los refugiados hasta ahora.

El secretario general de la organización, Abbas Gullet, advirtió de "serios desafíos" en la zona por la venida de la estación de lluvias, a lo que añadió: "Esperamos y rezamos para que se encuentre una solución".

En los últimos días, las fuerzas de seguridad de Etiopía han admitido haber asesinado a 9 civiles y herido a otras 12 en la localidad de Moyale, situada en un punto estratégico de comercio en la frontera con Kenia, al confundirles con militantes de un grupo opositor separatista considerado terrorista por el Gobierno de Adís Abeba, el Frente de Liberación Oromo (OLF).

Además, la semana pasada otras 7 personas murieron en otros incidentes a manos de fuerzas de seguridad.

Etiopía declaró el estado de emergencia el pasado 16 de febrero, un día después del anuncio de la dimisión -aún no efectiva- del primer ministro, Hailemariam Desalegn, con intención de calmar las protestas en las regiones de Amhara y Oromia, aunque el efecto ha sido el inverso y se ha producido un repunte de las muertes de civiles a manos del Ejército.

Se espera que esta semana la coalición gobernante nombre a un nuevo líder, que también sustituiría a Desalegn en el poder.