Diario Vasco

Barcelona, 13 mar (EFE).- Investigadores del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autònoma de Barcelona (INc-UAB) han demostrado por primera vez que la ansiedad y los problemas vasculares tienen una estrecha relación con la enfermedad de Alzheimer y que afecta especialmente al sexo femenino.

El estudio, llevado a cabo con ratones y que publica el 'Journal of Alzheimer's Disease', aporta nuevos datos en una línea de investigación emergente en torno a esta patología, que amplía el foco de investigación actual en neurociencias para explorar más allá del cerebro, poniendo atención al sistema cardiovascular.

"La enfermedad vascular resultante del estrés oxidativo y la inflamación es un concepto emergente en la enfermedad de Alzheimer que está cobrando interés clínico", ha explicado el investigador del Departamento de Farmacología, Toxicología y Terapéutica del INc-UAB Francesc Jiménez-Altayó.

Según el neurocientífico, "la insuficiencia cardiovascular subsiguiente puede alterar la distribución del flujo sanguíneo a los diferentes órganos y tejidos, incluido el cerebro, lo que puede agravar la patología relacionada el Alzheimer".

El trabajo, dirigido por Lydia Giménez-Llort, directora de la Unidad de Psicología Médica del Departamento de Psiquiatría y Medicina Legal de la UAB, proporciona la primera evidencia de que los ratones de avanzada edad y con Alzheimer presentan alteraciones sustanciales en los vasos sanguíneos pequeños, que son muy importantes para nutrir a los diferentes órganos y tejidos y para regular la presión sanguínea.

"En concreto, el estudio demuestra que el sexo de los ratones es un factor determinante. Específicamente, las hembras mostraron alteraciones vasculares más pronunciadas que los machos, lo que sugiere que las mujeres de avanzada edad y con Alzheimer podrían sufrir mayor disfunción cardiovascular", según Jiménez-Altayó.

El estudio ha analizado las características de las arterias pequeñas bajo diferentes condiciones fisiológicas y ha constatado que estos cambios vasculares se dan tanto a nivel de la estructura como de la función vascular, lo que sugeriría una distribución anómala del flujo sanguíneo periférico.

Los investigadores han evaluado también el comportamiento de los animales para determinar su nivel de afectación cognitiva y emocional, lo que ha permitido hallar que existe una fuerte relación entre los parámetros vasculares analizados -estructura, elasticidad, función- y diferentes patrones de conducta ansiosa en los ratones con la enfermedad Alzheimer, pero también en los que tienen envejecimiento normal.

"Si bien hemos de ser prudentes con estos resultados, las correlaciones de comportamiento proponen la existencia de relaciones directas o indirectas entre la conducta y la función de arterias periféricas", ha concluido Giménez-Llort.

"Estas interacciones -ha añadido la doctora- podrían explicar las anomalías del sistema neuroinmunoendocrino, que regula la función de los diferentes órganos y tejidos, que ya hemos descrito en estudios previos con ratones masculinos y femeninos desde los estadios tempranos hasta avanzados de la enfermedad"

Según Giménez-Llort, "el hecho de que el estudio también aporte evidencias que indican que hay una relación clara entre varias variables que configuran la conducta ansiosa de los animales y las propiedades de los vasos sanguíneos periféricos es un hallazgo que tiene implicaciones importantes más allá del campo de estudio de la enfermedad de Alzheimer".