Diario Vasco

Madrid, 7 mar (EFE).- Tres cuartas partes de las personas que utilizan sillas de ruedas de forma permanente sufre dolor en algún nivel de la columna vertebral, y ser mujer, vivir solo y usar una silla manual son factores que se asocian a un mayor riesgo de padecer algún tipo de molestia.

Son las conclusiones del primer estudio realizado en España sobre el dolor de cuello y espalda en las personas con paraplejia y usuarios permanentes de sillas de ruedas, elaborado por la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE) que dirige el doctor Francisco Kovacs y financiado por la Fundación Asisa.

El estudio ha necesitado 12 años de trabajo y ha contado con 750 participantes, la mayoría de los cuales (el 73 %) había padecido una lesión medular traumática, mientas que el resto sufre enfermedades neurológicas degenerativas, especialmente esclerosis múltiple, con una edad media de 43 años y 10 años de media como usuarios de sillas de ruedas.

Los pacientes proceden del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, el Centro de Referencia Estatal para la Atención a Personas con Grave Discapacidad de San Andrés de Rabanedo (León), y los Centros de Recuperación de Personas con Discapacidad Física de Salamanca y Madrid.

De ellos, el 76 % asegura sufrir dolor en algún nivel de la columna vertebral; el 56 % en el cuello, el 54 % en la columna dorsal y el 45 % en la lumbar.

El estudio, publicado en la revista científica Spinal Cord, demuestra que padecer dolor en algún punto de la columna (cervical, dorsal o lumbar) se asocia, también, a un mayor riesgo de padecerlo en los demás.

Además, el hecho de ser mujer, vivir solo y usar una silla de ruedas manual en lugar de eléctrica está asociado a un mayor riesgo de padecer dolor, según revela el estudio.

El dolor de cuello es más frecuente entre personas que han sufrido una lesión medular cervical y que usan un cojín más fino en la silla de ruedas; el de columna dorsal en quienes han padecido una lesión medular dorsal y tienen un mayor índice sagital (mayor grado de curvatura tras la fractura); y el de la zona lumbar en quienes han padecido lesión medular dorsal o lumbar y mantienen cierto grado de sensibilidad.

Kovacs ha señalado que algunos de estos factores son modificables para prevenir o mejorar las dolencias, como el grosor del cojín de la silla de ruedas, el restablecimiento de un índice sagital tan próximo a la normalidad como sea posible cuando se operen las fracturas vertebrales que hayan causado la lesión medular dorsal y el uso de una silla eléctrica en lugar de manual.

El director de la REIDE ha subrayado, asimismo, que el 39,6 % de las personas que han participado en el estudio sufría depresión clínica y que es mayor el número de personas con depresión que además padece dolores que el que no los sufre (cerca de un 5 % más).

Además, el 10,7 % de los participantes en el estudio toma algún tipo de analgésico no opiáceo, el 10 % antiinflamatorios, el 3,7 % relajante muscular y el 1,1 % opiáceos.

En cuanto a la rehabilitación, el número de horas semanales que dedican de media a esta terapia es de 10; el 25 % hace menos de 5 horas semanales de rehabilitación, otro 25 % más de 15 horas y un 50 % hace 10 horas semanales.

El 50 % de los participantes pasa alrededor de 12 horas diarias en la silla de ruedas, el 25 % pasa menos de 9 horas diarias y el otro 25 % más de 14 horas al día.

Del total de participantes, el 66 % necesita la ayuda de alguien para su actividad diaria, el 52 % conduce, y el 19 % trabaja.