Diario Vasco

Belgrado/Pristina, 15 feb (EFE).- Diez años después de su declaración unilateral de independencia de Serbia, el principal desafío que afronta Kosovo es la normalización de sus relaciones con Belgrado, que aún no reconoce esa soberanía.

Según los observadores políticos consultados por Efe, el temor a que este conflicto pueda permanecer sin solución por décadas ha crecido tras siete años de negociaciones entre Serbia y su ex provincia.

Para el kosovar Shkëlzen Maliqi, filósofo y analista político, está claro que se requiere un "acuerdo histórico" de buena vecindad.

De lo contrario, Maliqi advierte de graves consecuencias: "Vamos a perder la orientación y nos puede pasar lo que sucede en Palestina y Chipre".

En las negociaciones en curso, lanzadas en 2011 bajo el auspicio de la Unión Europea (UE), se acordaron 23 puntos, entre ellos, la gestión de fronteras y aduana, el reconocimiento mutuo de títulos universitarios y la libre circulación de personas, pero sólo este último punto se ha llevado hasta ahora a la práctica.

"No he visto ningún otro resultado tangible. Los acuerdos existen, pero no se han aplicado", se lamenta Nenad Racic, un político serbokosovar moderado y antiguo ministro.

No obstante, Maliqi admite que, al menos, se ha relajado la tensión política que existía hasta hace unos años e incluso el presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, reconoce la necesidad de un acuerdo.

Pero las posiciones se mantienen distantes. Kosovo quiere el reconocimiento de su independencia y Belgrado rechaza esa opción.

Según Maliqi, Belgrado exige un estatus especial para el norte de Kosovo, donde se concentra un tercio de los serbios que viven en Kosovo, donde la mayoría de la población es de cultura e idioma albanés.

Ese estatus especial, explica el analista, no es aceptado por Pristina ya que "de facto significa una división territorial".

La "plena normalización" de relaciones es la exigencia política más importante de Bruselas a Serbia para su ansiado ingreso en la UE a partir de 2025, si bien Belgrado sostiene que esa normalización no implica reconocer la soberanía de su antigua provincia.

"Para Belgrado, la plena normalización es que se construya la convivencia y la coexistencia", explica a Efe Borislav Stefanovic, ex negociador principal de Serbia en el diálogo con Kosovo.

Stefanovic estima que, si bien mucho depende de Washington y Bruselas, es crucial que el acuerdo no implique el ingreso de Kosovo en la ONU, como desearían "muchos socios occidentales".

No obstante, el político no descarta que Belgrado termine por dar su consentimiento a que Kosovo obtenga un asiento en la ONU.

Por otro lado, advierte del riesgo de que lo pactado no se aplique, algo que ha ocurrido ya con algunos de los compromisos sellados en el "Acuerdo de Bruselas" de 2013, como el de crear una comunidad de municipios serbios.

Este punto es especialmente importante para Belgrado, pues cedería competencias en sanidad, educación, asuntos sociales y justicia a los cerca de 100.000 serbokosovares.

Mientras, siguen sin resultados las negociaciones sobre las personas desaparecidas o la protección de la población serbia y sus monasterios e iglesias, entre otros asuntos pendientes.

Se espera que el presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, presente este año una propuesta de solución, pero hasta ahora nada se ha filtrado sobre el plan para desatar el nudo gordiano kosovar.

Según la prensa serbia, en círculos internacionales se habla del acuerdo de 1972 entre las dos Alemanias, que pretendía normalizar las relaciones entre Bonn y Berlín, como un eventual modelo.

Esta opción supondría que Serbia dejaría de oponerse a la integración de Kosovo en la ONU y otras organizaciones internacionales, indica a Efe el analista serbio Dusan Janjic, director del Foro para las Relaciones Étnicas.

Sin embargo, Vucic se ve presionado por su entorno con otras dos exigencias diversas y poco realistas, añade.

Por un lado, están quienes abogan por mantener el "status quo" a la espera de que, un día, una Rusia fortalecida defienda con éxito los intereses serbios.

La otra idea sería que Serbia obtuviera una parte del territorio del norte kosovar a cambio de un eventual reconocimiento de la independencia del resto de Kosovo.

Se trataría de una peligrosa propuesta de división de Kosovo, dice Janjic, por el riesgo de despertar las pretensiones de una "Gran Albania" y los conflictos étnicos que ello conllevaría.

Para el analista, el proceso de normalización debería "abrir la perspectiva del reconocimiento de Kosovo" pero con un horizonte futuro lejano: dejarlo abierto "no a los hijos, sino a nietos y bisnietos", afirma.