Diario Vasco

Dublín, 15 feb (EFE).- El Gobierno irlandés indicó hoy que no desea que el Reino Unido suspenda la autonomía de Irlanda del Norte y gobierne la provincia directamente desde Londres, tras el fracaso de las conversaciones para restaurar el Ejecutivo de Belfast.

El ministro irlandés de Asuntos Exteriores, Simon Coveney, aseguró que "no existe apetito" por esa opción ni en Dublín ni entre la comunidad nacionalista católica norirlandesa, que prefiere la vuelta del Ejecutivo autónomo de poder compartido.

El Partido Democrático Unionista (DUP) anunció ayer que no ha sido posible llegar a un acuerdo con el nacionalista Sinn Féin y dio por concluida una ronda de conversaciones que durante las últimas cuatro semanas ha tratado de limar sus diferencias para restaurar el Gobierno, que permanece suspendido desde hace 13 meses.

A este respecto, Coveney se declaró hoy "sorprendido" por el fracaso de las negociaciones, sobre todo porque, recordó, los dos partidos estaban "muy cerca de lograr un acuerdo", hasta el punto de que la primera ministra británica, Theresa May, y su colega irlandés, Leo Varadkar, viajaron el lunes a Belfast para supervisar la firma de un pacto de gobernabilidad.

"Es difícil saber qué ha pasado", declaró Coveney a la cadena pública irlandesa (RTE), después de que el DUP culpase al Sinn Féin de intransigencia respecto al espinoso asunto del idioma gaélico.

Los nacionalistas quieren que se redacte una ley específica para proteger la lengua irlandesa, mientras los unionistas prefieren incluir este asunto en una legislación cultural más general, que contemple también aspectos relacionados con la identidad protestante.

El Sinn Féin ha acusado al DUP de dar marcha atrás en el ultimo momento, después de revelar que existía un "entendimiento con los dirigentes unionistas para sellar un pacto.

Ante el fracaso de la conversaciones, la líder del DUP y exministra principal norirlandesa, Arlene Foster, ha pedido a Londres que elabore "un presupuesto" para la región y "comience a tomar decisiones políticas" para asegurar el funcionamiento de "escuelas, hospitales e infraestructuras", lo que obligaría a May a suspender la autonomía e introducir un gobierno directo.

Esa es una de las opciones que debe analizar la primera ministra, quien también podría conceder más tiempo a los partidos para negociar o convocar unas nuevas elecciones autonómicas.

El Gobierno norirlandés cayó en enero de 2017 y Londres ya celebró unos comicios anticipados en marzo, en los que el DUP y el Sinn Féin se confirmaron como los principales representantes de sus respectivas comunidades, la protestante-unionista y la católica nacionalista.