Diario Vasco

Berlín, 15 feb (EFE).- Las repercusiones del escándalo en torno a las manipulaciones de emisiones de motores diésel ha afectado gravemente a las concesionarias, ante todo en lo relativo a la venta de coches usados, informó hoy la asociación del sector.

Según los datos presentados por la Asociación Alemana de Concesionarias y Talleres (ZDK), la facturación del sector creció en 2017 sólo un 1,4 por ciento, para alcanzar los 174.400 millones de euros.

En el sector de coches usados la facturación cayó en un 1,9 por ciento para quedar en 66.300 millones de euros.

"Los compradores están profundamente inseguros y el riesgo de que haya prohibiciones de circulación en zonas de alta densidad urbana hacen prácticamente invendibles los coches diésel usados", dijo el presidente de la asociación, Jürgen Karpinski.

El margen de beneficios del sector estuvo en 2017 entre el 1,3 y el 1,6 por ciento después de haber estado en el 1,7 por ciento en 2016.

"La situación no es sorprendente. En vista de los costos derivados de los cientos de miles de coches diésel usados que están a la venta y los fines de algunos contratos de leasing muchas empresas ven amenazada su existencia", agregó.

Actualmente, los vehículos diésel usados están en promedio 100 días en las concesionarias mientras que los coches a gasolina sólo 80 días, lo que le cuesta al sector 28 euros por día y vehículo.

A eso se agrega además la pérdida de valor de los coches diésel que tiene además efectos secundarios negativos.

"Un propietario que vende su coche diésel a menor precio del que había esperado probablemente no compre luego un coche nuevo", dijo Karpinski.

La desconfianza en los motores diésel por parte de los consumidores fue impulsada por el escándalo en torno a la manipulación de datos de emisiones que primero afectó a VW y luego a otros fabricantes.

Eso contribuyó también a que se reavivara la discusión sobre la limpieza del aire en las ciudades y el riesgo de que, al no cumplir con el grado de concentración de óxido de nitrógeno (NOX) que fijan las directivas europeas, los tribunales terminen forzando a las autoridades municipales a imponer prohibiciones de circulación.

Por ello, Karpinski pidió que se avance en la mejora de los motores diésel de vehículos en circulación para reducir las emisiones y recuperar parte de la confianza perdida.

Karpinski subrayó que el problema no fue creado ni por los consumidores ni por los concesionarios, sino por los fabricantes y que estos tienen que hacer su contribución para resolverlo.