Diario Vasco

Pristina, 15 feb (EFE).- Tras una década de independencia, Kosovo no divisa aún la deseada entrada en la Unión Europea (UE), no sólo por la falta de reconocimiento de su soberanía por parte de países como España, sino también por la corrupción y las divisiones políticas que lastran la economía del joven país.

"La corrupción es predominante. No es sólo una percepción, sino una realidad en todas las esferas", explica a Efe el politólogo Ramush Tahiri.

"La transición hacia la democracia ha producido una élite que ha capturado el Estado para ella misma. Hay una nueva clase social que ha multiplicado cientos de veces sus propiedades y riquezas", añade.

El índice de percepción de la corrupción de la organización Transparencia Internacional sitúa al país entre los peores de los Balcanes.

Y es que durante los diez primeros años de soberanía de esta nación de 10.908 kilómetros cuadrados y 1,89 millones de habitantes han surgido una gran variedad de historias de fraude y corrupción.

"La corrupción bloquea la democracia, impacta negativamente en el desarrollo económico y aumenta la desigualdad social", ha advertido el embajador de Estados Unidos Greg Delawie.

De hecho, la antigua provincia serbia, que Belgrado aún no reconoce como soberana, se ha convertido en uno de los lugares con mayores desigualdades en toda Europa.

Con un ingreso per cápita en torno a los 6.500 euros (2015), su economía es una de las más atrasadas del Viejo Continente.

El círculo vicioso relacionado con la falta de seguridad jurídica y estructuras ineficaces de lucha contra la corrupción y el crimen organizado ahuyenta cualquier inversión extranjera.

Pellumb Çollaku, economista del Instituto de Estudios Económicos Internacionales de Viena, subraya que otro problema es la gran dependencia de las importaciones.

"No hay un plan claro sobre cómo impulsar las exportaciones de Kosovo", resalta.

Según explica el sociólogo Fisnik Halimi, aunque la economía kosovar ha crecido una media del 3 % anual y la tasa de ocupación ha mejorado en un 10 % en los últimos años, ello "no es suficiente para contrarrestar el impacto del paro", que se situó a fines de 2017 en el 30 % pese a la gran emigración, sobre todo de jóvenes.

Se calcula que desde la declaración unilateral de independencia el 17 de febrero de 2008, unos 280.000 kosovares -casi el 15 % de la población- han emigrado hacia Europa occidental o han renunciado a su nacionalidad.

Endrita Kajtazi, una estudiante de 23 años a punto de terminar un máster en economía en Pristina, trabaja en el pequeño supermercado de su familia, un empleo que no basta para mantenerla en Kosovo.

"Ojalá hubiera más empleos para los jóvenes aquí. He empezado a buscar más opciones de trabajo en el extranjero", confiesa a Efe.

A los problemas sociales se suma el fracturado panorama político, pues las alianzas para llegar al poder son complejas y, cuando se consiguen, inestables. Ningún Gobierno kosovar ha logrado hasta ahora agotar una legislatura completa.

La actual coalición en el poder, formada en 2017, cuenta con una mayoría simple muy ajustada a pesar de constar de doce partidos, pues juntos suman solo 61 de los 120 escaños.

Y el futuro se presenta difícil: se esperan para este año las primeras acusaciones del nuevo tribunal para los crímenes de guerra cometidos por la antigua guerrilla albanokosovar, de la que surgieron la mayoría de los partidos que hoy integran el Gobierno.

De hecho, tanto el actual primer ministro, Ramush Haradinaj, como el presidente, Hashim Thaci, fueron líderes de esa guerrilla que luchó contra las fuerzas serbias, razón por la que son considerados "héroes" por sus conciudadanos.

La nueva institución, llamada Salas de Justicia Especializadas de Kosovo, comenzará a funcionar en abril en La Haya (Holanda).

Aunque se regirá por las leyes kosovares, tendrá fiscales y jueces internacionales, y todo apunta a que las sentencias reabrirán heridas y exacerbarán aún más la inestabilidad política.

No obstante, Halimi asegura de que hay algunos signos de esperanza en el país.

Para el sociólogo, "los mayores logros de Kosovo tras su independencia fueron la entrada como miembro en el Comité Olímpico Internacional (COI) y la desaparición de la violencia entre etnias".