Diario Vasco

Varazdin , 14 ene .- Atormentada por más de tres décadas sin subir al podio en una gran competición internacional, la selección húngara ha depositado todas sus esperanzas de recuperar el brillo perdido en la llegada al banquillo del preparador sueco Ljubomir Vranjes, la auténtica gran estrella del conjunto magiar.

Una tarea que se antoja nada sencilla, al menos en el presente Campeonato de Europa, para el entrenador escandinavo, que apenas ha podido contar con tres semanas de trabajo con sus nuevos pupilos desde que se hizo cargo el pasado mes de julio de la selección húngara, coincidiendo con su fichaje por el gran estandarte del balonmano magiar, el Veszprem.

Esa duplicidad de cargos, sin duda, ha facilitado el período de adaptación de Vranjes, que a diferencia de la mayor parte del resto de seleccionadores ha tenido la posibilidad de entrenar a diario con los jugadores que conformarán la estructura básica de una selección húngara que volverá a configurarse en torno a la plantilla del Veszprem.

La Federación Húngara parece haber aprendido de la experiencia vivida con el técnico español Talant Dujshebaev, al que ni su acreditada fama como uno de los mejores entrenadores del mundo libró de las suspicacias que levantó desde su contratación en determinados sectores del balonmano magiar su doble condición de seleccionador y preparador del conjunto polaco del Kielce.

Críticas que se agravaron tras el gris papel de Hungría en el Europeo de Polonia 2016, en el que el renovadísimo conjunto magiar no pudo pasar de la duodécima posición, y que propiciaron la salida de Dujshebaev pese a que todavía contaba con un año más de contrato.

Pero los dirigentes de la Federación tienen claro que el único camino posible para equiparar el potencial de la selección al de los poderosos clubes húngaros, particularmente el Veszprem, pasa por una actualización del libreto táctico con la llegada de los más reputados técnicos extranjeros.

Máxime tras la retirada del equipo nacional de la máxima estrella del conjunto magiar en los últimos años, el exbarcelonista Laszlo Nagy, por lo que la federación no dudó, pese al brillante período de transición vivido bajo la batuta del español Xavi Sabaté, que condujo a Hungría a los cuartos de final en el pasado Mundial de Francia, en apostar por la contratación de Ljubomir Vranjes.

El técnico sueco, que llevó en 2014 al Flensburg alemán a la conquista de la Liga de Campeones, se ha convertido en la piedra angular del balonmano húngaro en los próximos años desde su cargo de seleccionador nacional y de entrenador del sempiterno campeón magiar, el Veszprem.

Vranjes intentará implantar en la selección el vibrante estilo de juego que convirtió al Flensburg en uno de los equipos más competitivos y atractivos del continente, un balonmano veloz y dinámico que tiene su punto de partida en una intensa y agresiva defensa.

Precisamente una de las primeras tareas del preparador escandinavo será encontrar un recambio de garantías para Nagy, sin lugar a dudas el mejor defensor húngaro, como compañero del durísimo Timuzsin Schuch en el eje de la defensa 6-0.

Menos dudas tendrá Ljubomir Vranjes en ataque, donde todo el juego del conjunto magiar girará en torno a la figura del central Mate Lekai, que, a sus 29 años, por fin, ha dado esta temporada el salto de calidad necesario para convertirse en el sensacional director de juego que prometía ser cuando debutó con apenas 20 años en el equipo nacional.

También deberá dar un paso adelante otra de las eternas promesas del balonmano magiar, el lateral Gabor Ancsin, que tendrá la difícil misión de hacer olvidar, junto con el siempre cumplidor Zsolt Balogh en el flanco derecho del ataque, a Laszlo Nagy.

Lekai y Ancsin deberán ser junto con el portero Roland Mikler, otros de los puntales del equipo magiar, las principales referencias de una selección húngara en la que Vranjes ha dado continuidad a la renovación iniciada por Talant Dujshebaev y continuada por Xavi Sábate en los últimos años.

En la nueva hornada de jugadores destacan el pivote Bence Banhidi y el lateral izquierdo Richard Bodo, estandartes de una nueva generación sobre la que Vranjes intentará construir el futuro de una selección húngara a la que el Europeo de Croacia quizá le llegue demasiado pronto para comprobar el calado de la revolución que supone la llegada del técnico sueco al banquillo.