Diario Vasco

Túnez, 7 dic (EFE).- El ministro tunecino de Finanzas, Ridha Chalghoum, calificó hoy de incorrecta e inapropiada la decisión de la Unión Europea de incluir a Túnez en la lista de paraísos fiscales e instó a Bruselas a dialogar para evitar que afecte a las políticas de partenariado.

En una intervención en el Parlamento durante una de las sesiones de este jueves sobre los presupuestos, el ministro tunecino insistió que esta calificación "no se corresponde con el nivel de cooperación entre la UE y Túnez".

Chalghoum conjeturó con la posibilidad de que la decisión de Bruselas se deba a la normativa que regula las compañías de exportación y los servicios financieros para los no residentes en el país.

Y urgió, por ello, a las autoridades económicas europeas a emprender una diálogo que permita analizar y solventar los posibles problemas de conformidad entre la regulación tunecina y el sistema fiscal europeo.

La decisión de la UE, que ha supuesto un pequeño seísmo político y económico en el país, coincidió el martes con la negativa oficial de Túnez al requerimiento de Bruselas de que suspendiera todas las ventajas fiscales que tienen las sociedades de plena exportación "offshore".

Según medios oficiales, el gobierno tunecino argumentó que la opción de mantenerlas es "necesaria para poder preservar el empleo y el tejido industrial nacional".

"Túnez rechaza cualquier tipo de injerencia extranjera en su política fiscal y garantiza que no será, de ninguna manera, un paraíso fiscal", explicó una fuente oficial citada por la agencia de noticias estatal TAP.

Comentaristas políticos como el periodista Jamel Didri, afirman que más allá de un mensaje negativo de la UE a Túnez, la inclusión de Túnez va a contribuir a agudizar la crisis económica que padece el país.

"Va a disuadir, a partir de hoy, los proyectos de inversión extranjera en el país, tan necesarios para relanzar la economía, crear empleo y salir de la crisis que se padece desde 2011", escribe en el diario digital Kapitalis.

Esta crisis, que amenaza la única transición que ha sobrevivido a la asfixia de las "primaveras árabes", se agudizó el 2015 a causa de los tres graves atentados yihadistas que sufrió el país, en los que murieron 72 personas, 60 de ellas turistas extranjeros.

Acorralado igualmente por el paro y por la corrupción, endémica en el país, así como por la falta de confianza de los inversores locales y extranjeros, el gobierno tunecino optó el pasado año por aceptar un crédito por valor de 2.500 millones de euros al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial.

Ambas instituciones decidirán la semana próxima si mantienen y renuevan el préstamo, concedido a cambio de que el Ejecutivo aplique recortes y políticas de austeridad, adelgace la Administración y los gastos del estado, suba los impuestos y reforme las leyes económica y comerciales para facilitar la inversión extranjera.

Días atrás, el primer ministro tunecino, Yusef Chahed, confirmó que seguirá adelante con las citadas medidas, pese al oposición tanto de la ciudadanía como de los sindicatos y de la patronal.