Diario Vasco

Kiev, 7 dic (EFE).- El expresidente georgiano Mijaíl Saakashvili, que reanudó en Ucrania su carrera política tras huir de su país en 2013 acusado de corrupción, se ha convertido en los últimos meses en el más férreo opositor al presidente ucraniano, Petró Poroshenko.

En un sorprende giro de los acontecimientos, Saakashvili -que fue gobernador de la región ucraniana de Odessa después de que Poroshenko le tendiera la mano al concederle la ciudadanía- encabeza ahora las manifestaciones contra el Gobierno iniciadas el pasado octubre frente a la Rada Suprema (Parlamento) de Ucrania.

El exmandatario georgiano fue detenido el pasado martes en su domicilio en Kiev por el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) y acusado de participar en una "organización criminal" para derrocar al Gobierno con la financiación de personas "cercanas al Kremlin".

Sin embargo, logró escapar antes de que pudiera ser interrogado, ayudado por más de un centenar de sus partidarios que lo sacaron del furgón policial en el que estaba siendo trasladado, en medio de un violento forcejeo con la policía.

Las autoridades prefirieron no actuar ya que quieren evitar las muestras de violencia tras los trágicos sucesos que acabaron con la vida de un centenar de personas en las multitudinarias protestas de la plaza Maidán en 2014, cuyo recuerdo sigue aún latente en la memoria colectiva de los ucranianos.

El antiguo aliado de Poroshenko se encuentra ahora en busca y captura y se enfrenta a tres cargos penales en Ucrania por presuntamente haber recibido dinero del empresario del gas Serguéi Kurchenko, cercano al expresidente prorruso Víktor Yanukóvich, para financiar sus protestas contra el Gobierno y forzar así un cambio en el poder.

Aunque el político fue elogiado en su momento por erradicar los sobornos en la administración pública y las fuerzas del orden en Georgia, tuvo que abandonar su país natal poco después de dejar la jefatura del Estado, que ocupó durante nueve años (2004-2013).

La Fiscalía georgiana le acusó de diversos delitos relacionados con la corrupción y abuso de poder durante su mandato, pero Saakashvili alegó que se trataba de una campaña de persecución contra él y, por temor a ser detenido, huyó a Estados Unidos.

Saakashvili, jurista de 49 años y rival acérrimo del presidente ruso, Vladímir Putin, llegó a Ucrania tras la revolución del Maidán y enseguida hizo migas con Poroshenko, que le confió la dirección de la estratégica región de Odessa e incluso le ofreció el cargo de viceprimer ministro de Ucrania.

"Este es un hombre que sabe llevar las ideas a la práctica y que cambió su país a través de la transparencia, eficacia, anticorrupción, atracción de inversores, una justicia imparcial, defensa de los derechos humanos y la democracia, que yo quiero ver en Ucrania: es Mijaíl Saakashvili", dijo entonces Poroshenko.

Un año y medio después, las discrepancias entre ellos llevaron al político georgiano a presentar su dimisión y fundar su propio partido opositor, Movimiento de las Nuevas Fuerzas (RNS, por sus siglas en ucraniano).

Saakashvili argumentó su decisión alegando que el presidente ucraniano respaldó personalmente a clanes "de delincuentes" y que no hacía lo suficiente para combatir la corrupción, y desde entonces se convirtió en uno de sus mayores detractores.

Al parecer, estas acusaciones agotaron la paciencia de Poroshenko, que le retiró por decreto la nacionalidad ucraniana el pasado mes de julio, circunstancia que le convirtió en apátrida y le impediría volver a ocupar un cargo político en Ucrania.

Pese a ello, Saakashvili no dudó en desafiar a Poroshenko e inició una gira por el país para denunciar la corrupción en las altas esferas del Gobierno, además de pedir reformas políticas y la adopción de una ley que permita la destitución del presidente.

Asimismo, sostiene que tanto los cargos que pesan contra él en Georgia como la decisión del presidente ucraniano de privarle de la ciudadanía concedida con anterioridad obedecen a motivos políticos.

Tras ser liberado de su arresto este martes, Saakashvili llamó a sus seguidores a un nuevo "Maidán" para echar a Poroshenko del poder, algo que parece poco probable ya que, de acuerdo a las encuestas, su partido no cuenta con el suficiente apoyo popular.

Poroshenko, por su parte, reconoció estar "sorprendido" por la última jugada de su antiguo colaborador, pero no parece dar mucho crédito a esta nueva ola de protestas en su contra, que considera están financiadas desde Moscú.