Diario Vasco

Helsinki, 6 dic (EFE).- Finlandia celebra hoy el centenario de su independencia, orgullosa de haber sido capaz de mantener su soberanía frente al gigante vecino ruso y del milagro económico que la transformó en uno de los países más prósperos y socialmente avanzados del mundo.

La historia de esta "Cenicienta nórdica" está marcada por la asombrosa capacidad de superación de los finlandeses, una virtud que les permitió reponerse con relativa rapidez de las cuatro guerras que libraron a lo largo del último siglo y salir de ellas fortalecidos como nación.

Cuando el Parlamento finlandés declaró la independencia el 6 de diciembre de 1917, el país nórdico, por entonces un Gran Ducado perteneciente al Imperio Ruso, era una de las regiones más atrasadas de Europa y tres de cada cuatro habitantes vivían en condiciones de pobreza, según los historiadores.

La declaración de independencia no provocó ningún conflicto con la vecina Rusia, donde un mes antes había triunfado la revolución bolchevique, aunque en Finlandia desató una breve pero cruenta guerra civil entre los Blancos -los conservadores-, y los Rojos, partidarios de crear un Estado socialista.

El propio Lenin fue el primer líder mundial en reconocer la independencia de Finlandia, convencido de que también allí triunfaría la revolución bolchevique y el antiguo Ducado se uniría voluntariamente a la Unión Soviética.

Sin embargo, la victoria de los Blancos supuso el paulatino distanciamiento de la recién creada república nórdica del gigante del Este y su acercamiento a los países de Europa occidental, en especial a Alemania.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Finlandia se vio envuelta en tres contiendas en poco más de cinco años; dos contra la Unión Soviética, que, pese a vencer ambas, fracasó en su intento de invadir el país nórdico, y otra más para expulsar de su territorio -por exigencia soviética- a las tropas nazis, sus antiguos aliados.

Además de ceder a la Unión Soviética un diez por ciento de su territorio próximo a la frontera, Finlandia se vio obligada a pagar durante décadas indemnizaciones de guerra y a permitir que Moscú supervisara su política exterior, un fenómeno conocido como "finlandización", aunque logró conservar su independencia.

"Las indemnizaciones de guerra terminaron siendo algo positivo para Finlandia, porque obligaron a desarrollar y diversificar su industria y crearon la base para unas buenas relaciones comerciales con Rusia que se mantuvieron después de saldar esa deuda", explica a Efe Jussi Pakkasvirta, profesor de la Universidad de Helsinki.

El final de la guerra fría y el desmembramiento del bloque soviético pusieron fin a la finlandización y permitieron que el país nórdico girase definitivamente hacia el oeste, con su ingreso en la Unión Europea (UE) en 1995 y el acercamiento a la OTAN a través del programa Asociación por la Paz.

Hoy, cien años después de lograr su independencia, Finlandia es uno de los países que lideran los índices internacionales que miden el nivel de vida, la innovación, la calidad educativa o la justicia social, entre otros baremos.

Según Pakkasvirta, estos logros hacen que los finlandeses "estemos muy orgullosos de serlo, pero sin ser arrogantes".

Las principales claves del éxito finlandés -apunta- son la educación y la igualdad, así como el amplio consenso político, que ha permitido generar una gran estabilidad.

"Aquí no existe el bipartidismo. Tenemos un espectro político muy dividido que ha obligado tradicionalmente a los partidos a formar coaliciones y llegar a acuerdos", señala.

Al mismo tiempo, el sistema de educación universal, pública y gratuita, reconocido como uno de los más avanzados del mundo, ofrece a todos los jóvenes las mismas oportunidades y produce profesionales muy bien preparados, según las capacidades de cada estudiante.

No obstante, Pakkasvirta alerta sobre las políticas del actual Ejecutivo de centroderecha, que ha aplicado duros recortes en sectores como la educación y la sanidad.

"Este Gobierno va camino de privatizar la educación y otros sectores, algo que es equivocado, en mi opinión, porque no hay que intentar arreglar lo que funciona bien", denuncia.