Diario Vasco

Pekín, 13 oct (EFE).- China afronta la renovación de la cúpula de su régimen comunista con la "peor" situación de los derechos humanos desde la matanza de Tiananmen en 1989 como telón de fondo y bajo el temor de que la represión se intensifique aún más para silenciar a los críticos y fortalecer el poder del presidente, Xi Jinping.

Las organizaciones internacionales y nacionales de derechos humanos temen que la represión, lejos de aflojarse, aumente tras el XIX Congreso del Partido Comunista, que arranca el próximo miércoles en Pekín y en el que, salvo sorpresa mayúscula, Xi continuará al frente del mismo.

"Desde que Xi Jinping llegó al poder, la represión contra abogados y defensores de derechos humanos se ha intensificado", asevera a Efe el investigador de Amnistía Internacional (AI), Patrick Poon, quien no descarta que la situación "empeore" tras este decisivo congreso.

El brazo censor del Gobierno ha mostrado su gran potencial en las semanas previas al encuentro, cuando se ha impuesto el silencio en el ya controlado internet chino: la aplicación WhatsApp ya ha sido bloqueada y los servicios VPN experimentan serias dificultades para sortear la "gran muralla virtual" creada por la censura oficial.

Aunque el aumento del control sobre internet suele acompañar cualquier gran encuentro del régimen comunista, muchos dudan de que la situación mejore después de este congreso.

Un ejemplo es el bloqueo de los servicios VPN que el Gobierno ha anunciado para antes de febrero de 2018 a fin de evitar que los internautas puedan saltarse la censura para acceder a páginas y aplicaciones bloqueadas por Pekín, como Google, Facebook o Twitter.

Aunque algunos veían poco probable que se aplicara esta prohibición, que afectaría enormemente a empresas trasnacionales o a la comunidad periodística extranjera para enviar información al exterior, los temores van en aumento, especialmente tras los problemas para conectarse a los VPN durante los últimos días.

Desde que Xi accedió al poder en 2013, su estrategia para silenciar a las voces críticas ha sido, según los activistas, la peor en la historia reciente de China.

"Estoy de acuerdo con la opinión de muchos activistas de que la situación actual de los derechos humanos es la peor desde la represión de Tiananmen en 1989", asevera el investigador de AI.

La noche del 3 al 4 de junio de aquel año, el Ejército chino entró en la Plaza de Tiananmen y disparó a miles de manifestantes que pedían pacíficamente mayores libertades. Aunque el número de muertos sigue siendo un secreto de estado, se cree que fue entre cientos y miles.

Durante el mandato de Xi, una de las mayores olas represivas ocurrió en 2015, cuando cientos de abogados de derechos humanos fueron detenidos -muchos denunciaron torturas- y varias feministas fueron arrestadas cuando preparaban una campaña contra el acoso sexual.

Uno de los casos más recientes que han conmocionado al mundo y evidenciado internacionalmente la persecución del régimen fue la muerte, bajo custodia, del disidente y nobel de la Paz Liu Xiaobo el pasado 13 de julio, que no fue liberado a pesar de padecer un cáncer terminal.

Según Poon, las medidas gubernamentales para silenciar a los críticos se aplican ahora de manera "más implacable que durante la era de Hu Jintao", su antecesor.

La organización Chinese Human Rights Defenders (CHRD) también denuncia que las desapariciones forzosas han aumentado desde la llegada al poder de Xi.

La investigadora de CHRD, Frances Eve, alerta a Efe de que las nuevas normas impuestas por la Administración del Ciberespacio de China (ACC), como la prohibición del anonimato o el mayor control sobre los comentarios en internet, tendrán un efecto "aterrador" para la libertad de expresión que perdurará más allá del congreso.

"Lo más sorprendente es que la respuesta de la comunidad internacional haya sido muy débil a la hora de criticar a China por no proteger los derechos humanos", denuncia Eve.

Para los activistas, la presión de la comunidad internacional es fundamental para lograr algún cambio en China porque, dentro de sus fronteras, las grietas que permiten la crítica gubernamental se agotan en un país donde los medios están obligados a seguir la línea oficial del partido.

"No hay libertad de prensa en China", recuerda Poon, que critica cómo el régimen comunista mantiene su estricto control sobre la libertad de prensa y la libertad de expresión en general bajo el pretexto de salvaguardar la "estabilidad nacional".