Diario Vasco

Madrid, 17 sep (EFE).- Michael Koroma es hermano de la orden se San Juan de Dios y director de un hospital en Sierra Leona, un país que se vio castigado por el virus del Ébola. Hoy, una vez libre la región de la enfermedad, explica que la gente sigue con miedo al contagio y que acude menos a los centros sanitarios que antes.

Tras participar en un congreso de Bioética celebrado esta semana en España organizado por la orden hospitalaria a la que pertenece, habla en una entrevista con Efe de las principales emergencias hospitalarias en Sierra Leona, como la malaria, así como las consecuencias éticas y económicas que dejó el brote de ébola.

Pregunta: ¿Cuáles son sus funciones?

Respuesta: Soy el encargado de supervisar el trabajo de los empleados, buscar fondos y decidir la estrategia sanitaria que se va a seguir.

P: ¿Cuáles son las principales emergencias hospitalarias en Sierra Leona?

R: Sobre todo la Malaria. Después, la atención a las mujeres embarazadas por complicaciones en el parto como las hemorragias.

P: ¿Cómo está la situación del ébola en el país?

R: En estos momentos, el virus no está presente físicamente, no hay más epidemia. Sin embargo, hemos visto que tenemos que animar a la gente que puede ir al hospital, porque durante la epidemia, se cortó la asistencia sanitaria a la gente. Por eso tenemos un problema, la gente todavía no acude al hospital como lo hacía antes del ébola.

Otro de los problemas es que es difícil conseguir medicamentos. Tras el ébola, el Gobierno ha puesto impuestos muy altos a los negocios en general, lo que no anima a las empresas farmacéuticas a asentarse.

En lo social, la economía ha sufrido mucho porque empresas que estaban antes se fueron al empezar el brote y no han vuelto, dejando a mucha gente sin trabajo.

P: Entonces, ¿ha ido todo a peor?

R: También ha habido beneficios. Se ha mejorado la seguridad para evitar contagios. Los trabajadores del hospital, como ya tenemos más materiales y trajes de protección, están más tranquilos, lo que beneficia a la población en general. Porque uno de los principales problemas que hay es el miedo que se generó a la gente a ir al hospital a contagiarse.

P: ¿Cree que la comunidad internacional está suficientemente implicada con estas necesidades?

R: Sí. Hay organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) que están dando dinero para mejorar muchas cosas en el país. Sí que están dando soporte económico a distintos proyectos, porque el Gobierno no puede afrontar los costes.

P: ¿Piensa que los países ricos deberían hacer más?

R: Considero que hacen mucho, aunque siempre esperamos que hagan más porque pueden hacerlo. Lo que pasa es que en Sierra Leona y en otros países africanos hay un problema de contabilidad y de confianza en los gobiernos. Ya hay organismos internacionales que no dan el dinero al Gobierno, sino directamente a ONG que están trabajando sobre el terreno.

P: ¿Cómo es el día a día en el hospital?

R: Las dos cosas que más me preocupan desde que me levanto son, por un lado, los imprevistos que surgen día a día, como alguna máquina que no funciona, porque no hay suficientes recursos para arreglarlos inmediatamente. Por otro lado, supervisar si está viniendo gente al hospital, porque con ese dinero se paga al personal.

Es que hay muchas razones por las que la gente no va al hospital. Una de ellas es que como durante el ébola no se podía ir a los hospitales porque los cerraron -sólo estaban abiertos los que atendían este virus- la gente tuvo que arreglárselas con los curanderos tradicionales. Confían en ellos.

Otro inconveniente es el tema del dinero, no hay Seguridad Social en Sierra Leona. Además, en una familia, si uno de los padres acompaña al niño al hospital descabala la estructura familiar, no es fácil.

P: ¿Es complicado cobrar por ir al hospital?

R: Estamos allí para salvar vidas, pero no podemos dar todo gratis. Convivimos con el dilema de cómo atender a las personas que no tienen dinero, lo que nos crea muchas dificultades. Si se trata de una emergencia, ni siquiera se pregunta por el dinero, se atiende y ya está.

El hospital recibe ayuda de la Fundación Juan Ciudad para necesidades concretas, lo que rebaja la carga económica. El Gobierno de vez en cuando manda personal o medicinas para tratar la Malaria.

P: ¿Ha habido cambios en la cultura de las familias tras los casos de contagio de ébola?

R: La situación es la misma. Cada poblado tiene su curandero y si no vas a él los demás lo saben. Es difícil opinar sobre esto. Mi opinión es dejarles hacer y que el Gobierno facilite la Seguridad Social.