Diario Vasco

Mashad , 3 ago .- En el imponente mausoleo del imán Reza de la ciudad santa iraní de Mashad, cientos de miles de peregrinos imploran por el perdón de sus pecados y el remedio de sus problemas y enfermedades, en un ambiente espiritual y de desgarro.

"Imán, por tu hijo, por tu madre, soluciona mis problemas" rogaban entre lágrimas una multitud de mujeres con chador negro, mientras trataban de tocar y besar la reja que protege la tumba de Alí Reza.

En este espacio, situado en el centro del mausoleo bajo una gran cúpula dorada, la aglomeración y el misticismo iban a la par esta semana, en la que se celebra el aniversario del nacimiento del imán.

Muchos acuden también al "haram" (santuario, en farsi), principal lugar de peregrinaje de Irán, para pedir por su curación, convirtiendo los patios y salas de oración en un continuo tránsito de enfermos y mayores en silla de ruedas.

El clérigo Mohamad Ali Movahedí, director del centro internacional de la fundación Astan Quds Razaví, custodia del santuario, explicó a Efe que la creencia chií sitúa a los imanes como "intermediarios" ante Dios.

"Este sitio se ha convertido en un centro al que acude la gente a rezar y pedir ayuda para curar sus enfermedades y solucionar sus problemas", afirmó.

Las entradas al vasto recinto eran asimismo un ir y venir de grupos de hombres que llevaban a hombros los féretros de algún familiar, ya que es costumbre en Mashad que los difuntos se despidan del imán.

La profunda veneración al octavo imán de los chiíes, el único enterrado en Irán, ha fomentado la ampliación continua del santuario y su mejora para facilitar la peregrinación, que también realizan los fieles suníes.

Para Aida Safaifar, una anestesista de 40 años procedente de la ciudad iraní de Qazvin, la tranquilidad que se respira en este lugar es beneficiosa "tanto a nivel físico como espiritual".

"Cuando vienes aquí vuelves con tanta paz que se elimina todo tu cansancio, ningún otro viaje te calma tanto como este", comentó a Efe Safaifar, que visita Mashad al menos una vez al año.

Antes del martirio del imán Reza, en el año 818, asesinado según la creencia chií por el califa abasida Al Mamun, esta zona era un pequeño pueblo llamado Sanabad. Con el enterramiento del imán en un jardín y el comienzo de la llegada de peregrinos, el lugar creció hasta lo que hoy es conocido como Mashad.

El santuario, epicentro de la ciudad, y la importante mezquita de Goharshad, coronada por una cúpula turquesa, fueron construidos en el siglo XVI, durante la dinastía safávida.

En la actualidad, el mausoleo es una amalgama de salas de oración, patios y minaretes decorados con azulejos, abarca una superficie de 60 hectáreas y acoge a unos 30 millones de peregrinos al año, según los datos de la fundación Astan Quds Razaví.

Mohamad Yavad Hashemineyad, el encargado de los peregrinos extranjeros y los turistas del santuario, indicó a Efe que en los últimos dos años unos 5 millones de foráneos han visitado el mausoleo, en su mayoría árabes musulmanes.

Hasta hace dos años el grueso de peregrinos extranjeros procedía de Arabia Saudí y Bareín, donde habitan importantes comunidades chiíes, pero con las restricciones impuestas por estos países ahora predominan los iraquíes y pakistaníes, explicó.

La peregrinación es continúa durante el año, aunque en algunas fechas destacadas las aglomeraciones son mayores. Es el caso de los presentes diez días de "keramat" (generosidad), que comprenden desde el aniversario del nacimiento de Fatemeh Masumeh, hermana del imán, hasta el del propio Alí Reza.

Con motivo de esta celebración se realizan algunos ritos especiales como invitar a comer a destacadas personalidades y arrojar por la noche flores sobre la tumba del imán.

El incremento anual de los peregrinos ha obligado a la ampliación del recinto y a otorgar más servicios, según el clérigo Mohavedí, quien adelantó que su expansión continuará en el futuro acorde a las necesidades.

Para ello se han comprado algunas de las viviendas y tiendas de los alrededores, donde todavía hay numerosos bazares en los que no faltan recuerdos como rosarios, bolas de nieve con el mausoleo en su interior e, incluso, "perfumes del imán".