Diario Vasco

Jerusalén, 1 ago (EFE).- El lugar más sagrado del judaísmo está en Explanada de las Mezquitas de Jerusalén, que los judíos denominan Monte del Templo porque sitúan allí los templos de Salomón y Herodes y la piedra del sacrificio de Isaac.

"Donde está la Cúpula de la Roca estaba el Segundo Templo, destruido en el año 70 por los romanos y, antes, estuvo el primero y, antes, una de las principales historias de la Biblia: el sacrificio de Isaac. Los judíos creen que es el lugar donde el mundo fue creado y por eso el más sagrado", explica a Efe Yishai Salomón, de la Fundación de Patrimonio del Muro de las Lamentaciones.

Salomón muestra, superponiendo maquetas de los santuarios sagrados, los cambios vividos en torno al Monte Moriá, donde, según la tradición, Abraham llevó a su hijo para someterse a la voluntad de Dios y sacrificarlo, un relato que comparten las tres religiones monoteístas: islam, cristianismo y judaísmo.

Allí, el rey David (siglo X a.C.) habría construido un pequeño santuario, que más tarde su hijo Salomón convertiría en el Primer Templo, destruido por la dinastía babilónica y posteriormente reconstruido hasta que el rey Herodes (siglo I a.C) lo amplió sobre una plataforma en la que hoy se ubica el recinto sagrado.

"Hace 50 años empezamos a excavar en los alrededores para encontrar nuestros orígenes, pero no debajo del Monte del Templo; no porque no sea nuestro sino, porque para nosotros está prohibido por la ley judía", explica el rabino jefe del Muro de las Lamentaciones, Shmuel Rabinowitz.

Así desdice a los palestinos que acusan a Israel de excavar en el subsuelo de la explanada, lo que consideran un riesgo para ésta.

Se trata de uno de los puntos más explosivos de Oriente Medio, ya que está en la zona este de la Ciudad Santa, ocupada por Israel desde 1967 y anexionada en 1980 en una decisión que no reconoce la comunidad internacional.

Los seguidores de corrientes ultraortodoxas judías evitan entrar al recinto para no pisar el Kodesh HaKodashim (sancta sanctorum), al que solo podía acceder el sumo sacerdote y solo una vez al año, en la conmemoración judía de la expiación, Yom Kipur.

"No sabemos exactamente dónde está", reconoce Rabinowitz, desde uno los túneles de la red subterránea bajo la Ciudad Vieja donde se extiende el Muro de las Lamentaciones y una pared marca el lugar más próximo al Segundo Templo, fuera de la delimitación de la explanada, ante la que judíos rezan con devoción.

Salomón trabaja en estas galerías donde cuenta que el Muro actual es un diez por ciento del que originalmente rodeaba el templo de Herodes y hoy constituye el principal lugar de culto judío, pues en la parte superior de la explanada no pueden orar, aún siendo su lugar más sagrado.

Arriba, dentro de la explanada, está el Domo de la Roca, con su gran cúpula dorada, construida en el siglo VII para proteger la "Roca Fundacional", donde los musulmanes creen que Mahoma ascendió a los cielos, y frente a ella, se erige la Mezquita de Al Aqsa, la más grande de Jerusalén.

Al recinto, conocido por los musulmanes como el Noble Santuario y administrado por la autoridad jordana de patrimonio islámico Waqf, los judíos pueden entrar en horario de visitas pero no rezar, en cumplimiento de un statu quo que rige desde hace 150 años.

Sin embargo, cada vez son más numerosos los grupos de judíos ultranacionalistas que reclaman orar allí y acceden como turistas, lo que deriva en choques con los fieles musulmanes.

El lugar ha sido foco de tensión en las últimas semanas, con manifestaciones, protestas y la negativa de miles de palestinos a rezar en el lugar, después de que Israel colocase medidas de seguridad extraordinarias en las puertas, tras un ataque mortal el día 14 en el que murieron dos policías y sus tres atacantes.

El rabino Yehuda Glick, diputado israelí que pide abiertamente permitir el rezo judío en el recinto y a quien un palestino intentó asesinar a tiros en 2014, destaca la sensibilidad del lugar.

"Creo que los judíos debemos rezar allí, pero no voy a aprovechar este momento para pedirlo y creo que las medidas de seguridad tendrían que haberse consensuado con el Waqf", aseguró a un grupo de periodistas, Efe entre ellos.

Los palestinos se oponen a que los israelíes, la potencia ocupante, oren libremente en el que consideran su tercer lugar más sagrado (después de La Meca y la Medina) y sienten cada cambio como un intento de extender el control israelí en territorio ocupado.

Pero Rabinowitz tranquiliza con un argumento religioso: "Nadie va a construir un Templo sin que Dios diga cómo hacerlo".