Diario Vasco

Madrid, 11 may (EFE).- Hace doce años Aurora era una psicóloga que trabajaba en un centro de salud mental público, estaba casada y tenía dos hijos pequeños. En mayo de 2005, con 33 años, un grave accidente de tráfico le produjo un traumatismo craneoencefálico y "en un segundo" su vida y la de su familia "se desmoronó".

Ella es una de las casi 400.000 personas que en España sufren las secuelas del daño cerebral adquirido, unas limitaciones cognitivas que su apariencia de normalidad no denotan y que ha querido mostrar en su libro "El daño cerebral invisible", que hoy ha presentado.

Cada cuatro minutos se produce en nuestro país un ingreso por daño cerebral adquirido, personas que sufren una lesión cerebral y sobreviven con un cerebro que ya no responde de la misma manera que lo hacía antes pero que son invisibles en la sociedad porque no tienen un rasgo característico que los haga evidentes.

Tras una larga estancia en el hospital, a la que siguieron semanas de reposo, muchos meses de fisioterapia, rehabilitación física y esfuerzo, Aurora pudo pasar a una silla de ruedas y, de ahí, a caminar, primero con ayuda de muletas y, luego, sola.

"Notaba cómo las personas de mi alrededor asociaban mi mejoría física a una mejoría global", cuando la realidad era que cada vez iba notando nuevas limitaciones.

Su apariencia de normalidad era un "arma de doble filo", reconoce Aurora, que asegura que le costaba entender "por qué estaba tan cansada siempre, no conseguía mantener conversaciones largas o en grupo, no podía leer o entender una película y, sobre todo, por qué no podía aguantar los ruidos de mis hijos jugando cerca, lo que me hacía sentir mal".

"En medio de este terremoto" y gracias a su "rebeldía" y "cabezonería", dos años después del accidente llegó al Centro Estatal de Atención al Daño Cerebral (Ceadac), un lugar "al cual sientes que perteneces" y que ha sido el escenario elegido para la puesta de largo del libro.

Una obra, editada por EOS, dirigida a las personas afectadas y a los que les rodean, "parte esencial esos últimos en el proceso de rehabilitación, adaptación y aceptación", así como a los profesionales que tratan a los pacientes.

Su llegada al centro, en el que realizó un tratamiento "muy corto", de apenas dos meses, supuso un "descanso absoluto en el sentido de sentirme como en casa y conocer a otros afectados con los que me sentía muy identificada".

Empezó a escribir "por necesidad" y a coordinar como psicóloga voluntaria los llamados "grupos de aceptación de las limitaciones" integrados por personas sin un daño visible hacia el exterior. Una experiencia "muy enriquecedora" y que supone un "alivio" al reconocer síntomas comunes y poder ponerles nombre.

"Esta experiencia y conocer los secretos de otros me ha hecho asentar todas mis observaciones y me ha dado fuerza para reunir todo lo escrito y poder transmitirlo.

Aunque en los once años de rehabilitación ha notado "avances importantísimos" como recuperar gran parte del inglés que antes hablaba con mucha fluidez, la mecanografía o la lectura, aun conserva muchas limitaciones.

Cansancio, dificultad para resumir, incontinencia verbal, que "me hace decir todo lo que pienso y que a veces me trae problemas", falta de memoria y despistes, que ha hecho evidente durante su intervención en el acto, donde en alguna ocasión se "ha perdido", son algunos de esos síntomas cognitivos "invisibles".

Ello hace que se haya impuesto un lema: "solo una cosa intensa al día", que hoy "me he saltado" con las dos presentaciones del libro programadas.

Aurora ha animado a los afectados a disfrutar de la vida. "Después del daño cerebral también es posible".

"Durante un tiempo sentí cómo el accidente me había robado mi identidad como mujer, madre, pareja y profesional y me parecía que tenía que crear una nueva. Ahora me doy cuenta de que estoy recuperando algunos rasgos de mi identidad de siempre y los puedo integrar con los de la nueva. Mi aspiración es aceptar y vivir tranquila con mi realidad actual", resume la autora.